Día 2: Kyoto (zona centro)

El día empezó con madrugón para poner rumbo a Kyoto, no tuvimos mucho tiempo para buscar qué desayunar así que fuimos a lo fácil: maquinita, un par de bebidas para llevar algo al estómago y pusimos rumbo a la estación de Umeda. Comentaros que existe otra estación la Shin-Osaka (de shinkansen) que como su nombre indica es la estación de alta velocidad pero pillaba a desmano y el tiempo ganado por un lado lo perderíamos por el otro.

En la estación nuevamente nos enfrentamos a la maquinita de marras. Sabíamos que teníamos que escoger un precio en lugar de un destino a diferencia de como se hace en España, lo que no sabíamos era lo que costaba un tren a Kyoto. Al preguntar a un japonés bastante amable que pasaba por allí nos indicó el gran plano que existe en la parte superior de todas las maquinitas en el cual tienes en kanji y romaji (escritura latina) las distintas estaciones con sus precios. En este caso una imagen de una maquina de Tokyo.



Tras una larga hora llegamos a Kyoto, el alojamiento escogido para los siguientes cinco días era el Hanakiya inn y se encontraba a unos 15-20 minutos que hicimos andando. Este no era un hotel al uso, sino un Minshuku, es decir, una residencia tradicional japonesa destinada al alojamiento (un símil sería el Inn británico). Este sería el primero de cuatro en los que nos hospedaríamos a lo largo del viaje pues no quise dejar pasar la oportunidad de vivir lo que era dormir como había visto a hacerlo a Nobita o a Shin-chan: en futón sobre tatami. Aunque el check-in no se podía hacer hasta las 3 nuestra anfitriona, Eimi-san nos permitió dejar las maletas y además nos dio las llaves previo pago de depósito de 1000 JPY.


Ojo al que sería el desayuno -comprado en un combini- de muchos de los días que estuvimos por aquí, muy japonés jajajaja.

                           

Kyoto lo dividimos en tres partes para tres días, además otros dos días de los que estaríamos alojados en Kyoto se destinaron para la excursión al Kurama-san (sufijo de montaña no de persona) y la excursión a Nara y Fushimi-inari.

Decidimos ir de lo que nos parecía menos a más interesante (y acertamos). Este primer día se destinó a conocer el centro de Kyoto, decidimos por proximidad empezar por Pontocho. Una calle junto al Kamo-gawa (río), la cual ha mantenido su aspecto entrañable y de baja densidad, presuntamente este es un barrio de Geishas, y digo lo de presuntamente porque he estado por aquí también por la noche y hay muchísimo ambiente, tiende a llenarse de gente que la sensación que tuve es que es imposible que una Geisha pase ‘a gusto’ entre estos callejones, otra cosa es que tengan sus accesos posteriores más discretos, pero ya os digo que no me dio las mismas sensaciones que Gion.

               

Al final de la calle giramos a mano izquierda, no sin antes pillar una bolsita de nuestros primeros kit-kat de matcha (y los que caerían).


Volvimos a bajar nuevamente, esta vez atravesando numerosas calles comerciales pues la idea era llegar al mercado de Nishiki que se encuentra dispuesto a lo largo de toda la Nishikikoji Dori. Aquí dependientes campan a sus anchas ofreciendo sus productos, los cuales pueden ir desde diferentes tipos de arroz hasta mochis (dulces típicos japoneses que se toman en año nuevo hechos con pasta de arroz), pasando por puestos de sushi, brochetas, e incluso algunos ingredientes y productos que no se ven en un comercio occidental. Aquí aprovechamos para sacar varias cosas de nuestra lista gastronómica: mochis y un par de brochetas que esperábamos que fuesen yakitori (brochetas de pollo) pero de yaki (frito) tenía poco, no obstante estaban buenas.



Tras degustar las brochetas empezamos a ir nuevamente al norte y de ahí al oeste para ir dirección al Nijo-jo. A medio camino vimos un sitio de sobas (fideos en caldo) donde tomamos un par de boles tamaño pequeño (que de pequeño tenían poco) además en mi caso pedí patas de calamar al tempura. Salimos los dos a 1180 JPY.


Finalmente nos dirigimos al Nijo-jo (600 JPY/pax). Este fue un castillo que mandó construir el Shogun Tokugawa Ieyasu en Kyoto para sus visitas a la antigua capital. De aspecto menos imponente que otros castillos debido a la ausencia de torreones es por el contrario más suntuoso estando más próximo a un palacio que a la función estratégica que normalmente posee este tipo de construcción.



En el interior del único edificio que se podía visitar, donde no se podían hacer fotos, se reseñaba por medio de los diferentes carteles (en la lengua de Shakespeare) las diferentes estancias: áreas de espera, de recepción o simplemente vivideras. Como curiosidad hay una sala en la que el último Shogun firmó la restauración imperial (devolución de los poderes militares al emperador). Además se podía visitar el conjunto de los jardines del entorno los cuales son bastante bonitos pero ni de lejos entre los mejores que veremos en el viaje.


Tras conocer el lugar de residencia del Shogun durante sus visitas a Kyoto, tocaba visitar su contraparte, el entorno del Palacio imperial -el palacio propiamente dicho no se puede visitar, únicamente unos jardines previa reserva-. En nuestro caso pasamos de andar pidiendo cita y fuimos a la parte de los jardines accesible. Aquí descubrimos algo: los japoneses llaman a todo lo que tenga vegetación, jardín. El concepto de parque no existe para ellos, y aquello era como un parque en plan el Retiro (menos bonito eso sí), el cual estaba bien para que un japonés fuese a pasar el rato un fin de semana, pero no era lo que buscábamos. Por lo que si andáis justos de tiempo o dudáis entre varias cosas, que no os de pena dejarlo fuera, tal vez en fin de semana, con más ambiente, mejorase esto. Eso sí, sirvió para ver nuestros primeros sakura en flor.



Lo único que nos quedaba por visitar según nuestras previsiones era la zona del Daitoku-ji en la cual se concentraban numerosos templos próximos entre sí. De acuerdo a la Lonely aquello estaba abierto hasta el anochecer, sin embargo al menos una hora antes (17h) todo estaba cerrado por lo que sólo pudimos dar una vuelta por fuera y no es que se viese mucho, otra cosa que no salió todo lo bien que nos hubiera gustado. Mirando tripadvisor por curiosidad comprobé que en esto las opiniones eran bastante dispares, desde los que lo recomendaban hasta los que te lo desaconsejaban considerando lo que era para la distancia a recorrer, así que ahí queda...

Tras el bluff de los templos ya era de noche y volvimos al alojamiento para ducharnos y prepararnos para la cena. Entonces fue cuando descubrimos el significado de numerosos kanjis y unas cuantas palabras en hiragana que estaban plasmados en algunos carteles del barrio de Higashiyama: iluminación nocturna cual noche de velas en Pedraza (además de estar los locales comerciales abiertos hasta más tarde), todo precioso y con mucho ambiente. Vais a tener que perdonarme la calidad de las imágenes ya que no saqué la cámara y se hicieron con el móvil.

                                

Y ya que estabamos cerca rematamos el paseo nocturno con una visita al barrio de Gion, conocido por todos como "el barrio de las geishas" para posteriormente dar la vuelta.


Darío Palacios

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