Día 3: Kyoto (Arashiyama y zona noroeste)

El segundo día también nos quedamos por Kyoto porque queríamos pillarlo más tranquilo (imposible) y por la meteorología. Además la idea era dejar las excursiones por los alrededores en finde, en especial la de Kurama para el domingo.

A la ida tomamos la línea Hankyu-Arashiyama Line, en la estación en la que nos dejó vimos un puente precioso que atravesaba el río Katsura

Lo primero que advertimos de este sitio es que aunque sea famoso por el bosque de bambú hay unos cuantos templos y tiene un aspecto de un pueblo bastante enfocado al turismo. En nuestro caso íbamos a lo que íbamos y sabíamos que visitaríamos muchos templos a lo largo del viaje por lo que optamos en este caso por pasar de largo así que atravesamos el pueblo y pusimos rumbo al bosque de Arashiyama.

            


               
     

Lo que debéis saber es que es muy bonito, pero no es lo que te cuentan o al menos lo que nosotros entendimos: Arashiyama no es un bosque como tal en el sentido que te metes sin rumbo alguno y te puedes perder entre la vegetación sin preocuparte de la hora, si no que tienes un sendero bastante definido y desde el cual no puedes salirte como si estuvieses en una peli de samuráis o un wuxia. Este sendero se recorre en apenas media hora. Nosotros aparte de recorrerlo arriba y abajo salimos por el exterior y fuimos al Kameyama park, que es un parque más al uso con algún sitio chulo desde donde hay un mirador con unas vistas espectaculares del valle.


Desde ahí volvimos al parque de bambú y dimos el último paseo. Por supuesto aprovechamos para pedir un par de helados (600JPY ambos), en este caso de matcha (té verde) y de sakura (flores de cerezo japonés) este último mío y aunque tenga una traducción un poco cursi fue todo un buen acierto. Como inciso decir que los helados en Japón son todos en plan “soft”.

Otra cosa que hice por aquí fue mi primera ofrenda sintoísta en japón. Confieso que cayeron unas cuantas y en todas hacía lo mismo dar las gracias por el viaje y las gracias por el 'buen' tiempo. Indico esto último porque la tercera parte de los días ponía que iba a llover y al final se quedaba en nublado o sólo llovía una horita. Así que ni tan mal... Y el proceso paso a paso:


Arashiyama no daba más de sí porque las otras opciones entre las que estaba el parque de los monos las descartamos para conocer la zona noroeste de Kyoto. Así que fuimos rumbo a la estación de Arashiyama, la de la JR que está en la zona norte y fuimos rumbo a...


El Kinkaku-ji. Sí señor. Como curiosidad Kin significa oro, y habréis imaginado que Gin (del Ginkaku-ji) significa Plata.  El templo es impresionante, la verdad es que cuando ves fotos, oyes hablar de él... Piensas esto es una horterada, pero importante, y bueno un poco sí pero mola bastante. Como curiosidad un detalle de la historia, este templo en sus orígenes sólo tenía una planta de oro, sin embargo hace unos cuantos años un sacerdote budista obsesionado con el templo lo prendió fuego. Lo que vemos es una reconstrucción en la que se forró entero de oro. Por cierto no se puede entrar (al templo, al recinto sí) y es una pena porque he visto fotos y es de película. No solo recomiendo la visita por el templo, si no por el conjunto de jardines, construcciones aledañas así como jizos y budhas que se encuentran a ambos lados del camino (400 JPY/pax). 

               



Al final del recorrido probamos los cacahuetes de wasabi que los vendían en un puestecillo y al no ser un sabor tan suave (vamos que era casi como comer cucharadas de wasabi sin la parte de la leche que te llega a la nariz) optamos por los de curry.

De ahí fuimos al templo Ryoan-ji, famoso por su jardín zen. Este contrastaba al ser un jardín seco en comparación con los jardines de musgo y estanques del Kinkaku ji. El entorno también estaba formado por numerosos jardines, estanques, templetes, pagodas, etc. (500 JPY/pax)





Finalmente fuimos a la estación de Kyoto porque queríamos conocerla, por un lado al ser una curiosidad arquitectónica y  por el otro para saber cómo ir al día siguiente a Nara (pero esto será una historia que se contará en otro momento…)



Aquí probé mi primer matcha-latte (riquísimo) junto con una especie de bollo-bizcocho typical kyoto. También cenamos aquí en el depachika que es básicamente como llaman en Japón a los áreas de restauración de los centros comerciales. Hay de todo y lo que no hay (o hay poco) es lo que hay en los españoles. Este día fuimos a un sitio llamado bowl café que como su nombre indica era un sitio de Donburi (plato japonés que consiste en bol de arroz y sobre éste cualquier acompañante, sea carne, pescado, verdura, etc.). En mi caso opté por uno de salmón con huevas todo regado por una cervecita (los dos 2872 JPY).



Y mañana... ¡Nara y Fushimi-inari!

Darío Palacios

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