Día 6: Kyoto. La Ruta de los templos

El último en Kyoto lo destinamos a los templos. Quisimos dejarlo para el final, además de por la meteorología porque creíamos que iba a ser lo más espectacular de ahí nuestra intención de ir in crescendo. De hecho creo que si no fue el día que hice más fotos, ahí está, cerca de 250 fotos sólo con la cámara.

Cuentan que Kyoto tiene más de mil templos, ¿es verdad?, ni idea, no los he contado pero una cosa sí puedo decir, y es que puedes ir caminando sin dirección o rumbo alguno y toparte una y otra vez con estas construcciones religiosas que pueden ser desde pequeños santuarios dedicados a algún kami sagrado de barrio hasta grandes templos con sus estatuas de kanon o buda. La idea era ver los más relevantes y algunos de los más recomendados.


La propia Lonely recomienda un recorrido por los templos de Higashiyama que desde nuestro punto de vista era idílico, no sólo por el recorrido en sí, si no porque comenzaba justo donde nos alojábamos.

Así que salimos del alojamiento y fuimos dirección el Kiyomizu-dera. Éste es famoso por tener una especie de terraza sustentada por un entramado de madera a modo de cimbra sin usar, según cuentan, un solo clavo. Estar allí es todo un espectáculo aunque la pena es que está realmente masificado (y eso que era un martes).


Actualizado: A partir de enero de 2017 empezarán obras en el Kiyomizu-dera que afectarán al salón principal.

Justo debajo de la terraza hay una cascada llamada Otowa-no-taki, tal vez llamarlo cascada sea excesivo, el caso es que todo el mundo hacía cola aquí porque según cuenta la leyenda (sí, otra leyenda) al beber de este agua se gana salud y longevidad, ¿será este el secreto de su longevidad?. Por los alrededores hay muchos santuarios y monasterios bastante chulos.



Uno del que había oído hablar y que fui a visitar es el Tainari-meguri que costaba 100JPY. Tiene su gracia pues avanzas a lo largo de un recorrido a oscuras hasta que encuentras una roca... ¿Lo habéis adivinado? Sí, si giráis la roca en una de sus direcciones puedes pedir un deseo. Claro no hay fotos de la anécdota pero sí que os hablaré de otra roca famosilla que hay por allí, en el Jishu-jinja, un santuario situado en lo alto de unas escaleras. La gracia de esta piedra es que tiene otra piedra hermana a unos 18 metros, si tocas una, cierras los ojos y vas caminando hasta la otra piedra... ¡Encontrarás el amor! Si lo haces por tu cuenta, el amor vendrá solo; mientras que si necesitas ayuda, necesitarás ayuda en el amor. Pero oye, que vendrá de todas todas :-P.



Justo en los alrededores de esta piedra vimos un grupo multitudinario de jóvenes que estaban de visita y habían alquilado un yukata para la visita. Me encanta esta ropa tradicional.


Después bajamos por la cuesta que está a mano derecha hasta que llegamos a unas escaleras que bajaban a lo largo de Sannen-zaka y Ninen-zaka. Estas calles me encantaron a pesar de estar llenas de gente, me encantó recorrerlas a lo largo varias noches anteriores y me encantó recorrerlas ese día mientras veía a la gente descansar en las teterías o tiendas de dulces que había a ambos lados de la calle. Como curiosidad deciros que Eimi-san nos contó el día anterior que su sakura favorito se encontraba en el comienzo de la escalinata que da acceso a estas calles. Desafortunadamente aún no estaba todo lo florecido que podría estar, no obstante era un buen comienzo.


Un poco más allá, a mano izquierda había un callejon llamado Ishibei-koji. Una de las calles más bonitas de Kyoto, totalmente retro que me recordaba a muchas pelis de samuráis.


Seguimos subiendo hacia el norte y pasamos junto al Kodai-ji. No entramos en el recinto porque tampoco queríamos saturarnos de templos, pero sí que aprovechamos ese momento para hacer una ofrenda de tablilla. Eché un vistazo general (a lo que estaba puesto en español) y vi de todo, desde los que deseaban la victoria del Boca hasta los que dibujaban animalitos. Había que ponerse profundo y pedante... Culpa mía xD.


También decidimos asomarnos por ahí cerca a un templo cercano. La verdad es que se diferencian tanto de los nuestros que me parecían hasta románticos y llenos de encanto. No se me ocurría mejor definición de lo japonés que la disposición de sus cementerios: masificados a la par que ordenados.


Después de monear un rato por los alrededores seguimos caminando rumbo al Maruyama koen. Paramos junto antes de llegar en un restaurante chiquitito regentado por una señora mayor, apenas tenía tres mesas. Lo que le daba encanto y un trato personalizado. Pedimos nuestros primeros yakitori y yo aproveché para probar algo muy típico de japón: Unagi (anguila) me quedé solo con esta apuesta al verla demasiado arriesgada, me gustó. Acabamos saliendo los dos a 3.300 JPY. Tan intimo era aquel lugar que a la hora de pagar me acabó preguntando en inglés que de dónde era, al decirle que de España y que vivía en Madrid acabaron por unirse otra parejita de jóvenes diciendo que les encantaba España y su comida. Era un momento "Ohh stop it, you".


El Maruyama-koen es a Kyoto como el Ueno-koen a Tokyo, uno de los sitios de Hanami por excelencia no obstante aún no estaba con sus mejores galas. Eso sí, se veía como estaban empezando a preparar los puestecillos. En este parque me llevé dos grandes sorpresas inesperadas (uno que es muy friki), por un lado la estatua de Sakamoto Ryōma con Nakaoka Shintaro, un líder revolucionario que fue asesinado por buscar la restauración imperial y derogar el bakufu (shogunato). También es muy reconocido en Japón por sentar las bases de la marina japonesa moderna. La segunda sorpresa es menos pedante xD: un japonés que tocaba la flauta en compañía de un perro samurái más gracioso. Tenía página de facebook y todo (Masamune dog).

             


A un lado del Maruyama-koen también está el Yasaka-jinja (lo he sacado en otras entradas) que es el santuario protector del barrio de Gion. Este templo también patrocina el Gion Matsuri (una pena no pillar las fechas, pero no se puede tener todo).



Seguimos subiendo al norte, siempre al norte hasta que llegamos al Chion-in. El templo en sí estaba en obras pero merecía la pena cruzar la gran San-mon (puerta de entrada) para despues, subir la escalinata que se empleó en el rodaje de "El último samurai" (el palacio original era más cutre).


El recorrido propuesto por la Lonely terminaba en el Shoren-in. Este templo budista tiene dos cosas que lo hacen, en mi opinión, la mejor construcción religiosa de todas cuantas vi. Por un lado, todo cuanto había allí era precioso: el edificio con sus puertas correderas con pinturas del s.XVI y XVII; su jardín era impresionante, en éste, además de la vegetación enamoraba su colección de linternas de piedra, puentes y estanques llenos de carpas koi (ya sé que lo he dicho, pero me encantan los jardines japoneses). En los alrededores había varias plantaciones de bambú que lo aislaban del resto del mundo. ¿Queréis saber qué es lo segundo que lo hacía impresionante?, apenas había un puñado de gente. De hecho mientras observaba distraídamente aquel lugar, pasó una de las visitantes con su yukata... Había que inmortalizar este momento.



Una de las pocas cosas de las que me arrepiento de este viaje es de no haberme relajado por el resto de la tarde allí degustando un matcha (existía esa posibilidad así que si tenéis oportunidad), de hecho pensamos en hacerlo pero queríamos ver el jardín que salía en la película de "Lost in Translation", así que tocaba ponerse en marcha.

Este jardín se encontraba en el Heian-jingu. Un santuario enorme, bastante colorido que contrasta bastante con lo visto hasta entonces, de hecho es de inspiración china. El santuario se encuentra rodeado por un jardín enorme, era tan grande que acaba quedando un poco disperso todo perdiendo, en mi opinión, espectacularidad. El punto más conocido y creo que de los más bonitos son las famosas piedras que en su día Scarlett Johanson saltó en la película. Por supuesto había que emularlo.



Llevábamos bastantes kilómetros en las piernas que se pasaban bien por ir tranquilamente de templo en templo, sentándonos, disfrutándo y abrazando la iluminación. Al final del día empezaba a hacer mella en nuestras piernas, aún así pegamos un último arreón para ver el Nanzen-ji. De éste último poco puedo contaros porque cuando llegamos estaba cerrado y sólo pudimos dar una vuelta por el exterior de los edificios.

Con las últimas luces hicimos un pequeño trecho del camino de la filosofía pero este no estaba tan espectacular como en las fotos que habíamos visto, el mejor momento creo yo que sería con el florecimiento del sakura o en primavera u otoño. Mala suerte.

El día lo terminamos en un sitio especialista en Gyozas que me imaginé que era más chino que otra cosa, no obstante no había ánimos de buscar mucho.


Darío Palacios

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