Día 8: Himeji y Kanazawa

El día empezó con madrugón, pero no un madrugón cualquiera, sino madrugón del tipo: "me levantaré a las 5.45", ser incapaz y hacerlo a las 6.00. La idea era ver el amanecer en el santuario de Itsukushima con la marea baja e ir viendo cómo los rayos de sol empezaban a hacer acto de presencia mientras la marea subía bañando poco a poco al torii.



El amanecer es mucho menos espectacular porque el sol sale por el otro lado (valga la redundancia) el cual está lleno de montañas y el efecto no es el mismo. Supongo que todo el mundo prefiere buscar un contraste dramático al estilo 'Lo que el viento se llevó'

Eso sí, hubo recompensa: bodorrio. Bueno más bien las fotos de boda que se estaba tomando una pareja aprovechando que no había hordas de turistas por el lugar, únicamente imbéciles madrugadores como yo xD. Aunque tengo entendido que cada vez es mayor la tendencia de casarse de blanco todavía predomina el estilo clásico, o como diríamos nosotros Look Samurái.


Después tocaba vuelta al alojamiento donde había que darse una minisiesta antes del desayuno que habíamos contratado en el alojamiento. Sólo servían desayuno occidental (error mío, creía que era oriental) y la verdad es que para lo que era... Creo que podíamos haber prescindido de éste.

La mayor parte del día lo pasaríamos en tren pues íbamos a atravesar gran parte de Japón, desde Miyajima hasta Kanazawa, alternando trenes normalillos con los famosos Shinkansen creo que una imagen ilustraría bastante el asunto del que os estoy hablando.



Con la intención de aprovechar al máximo el tiempo tiramos de los clásicos combinis de estación para el almuerzo. ¡Y aquí está el ganador!


La verdad es que no está muy enfocado... Era una especie de Maki relleno de algo, no recuerdo de qué era. La verdad es que tienen todo esto bastante estudiado, pues este rollo compacto que veis, a su vez tenía unos plásticos intermedios que impedían que el arroz se adhiriese al alga nori para evitar que esta se reblandecía. El resultado: un maki crujiente recién enrollado. Eso sí, había que tener arte para desenrollarlo dejando el alga intacta.

El viaje en sí eran unas cinco horas y pico, pero nosotros optamos por hacer una parada intermedia: Himeji. Famosa por su castillo el cual es considerado el más majestuoso de este país y junto con el de Matsumoto y el de Kumamoto es uno de "Los tres famosos castillos de Japón". También es original y tiene la particularidad de que ha estado cerrado muchos años por una reforma de ahí mi especial interés por su visita.


Viendo esta imagen, no hace falta echarle mucha imaginación para saber el por qué se le llama a este castillo la Garza Blanca.


Recorrimos una sucesión de laberintos sinuosos -que en su momento buscaban ralentizar el avance enemigo- mientras la imponente torre central iba vigilando nuestros pasos, sin perdernos de vista y recordándonos su presencia. Hasta que finalmente llegamos al edificio principal.

El interior del mismo contrastaba con el exterior, mucho más impresionante, por su carácter austero. No había ni siquiera una exposición a modo de museo como tendría Matsumoto, castillo que visitaríamos más adelante. Únicamente el folleto que te dan al entrar y cuatro paneles explicativos que te explicaban algunos puntos singulares de la construcción. 



Este castillo tal y como lo conocemos hoy día fue mandado construir por Toyotomi Hideyoshi. Uno de los tres unificadores de Japón. Así que es un detalle extra para los frikazos que les apasione la historia japonesa del periodo Sengoku jidai (sí, ese periodo en el que está ambientado el Shogun Total War)

Después del lado bélico y agresivo de esta ciudad tocaba el lado 'sensible', el Kōko-en, situado al otro lado del foso del castillo y cuya entrada está incluida en el precio del castillo si así lo compráis (1040 JPY/pax). Este es un jardín bastante diferente de otros que hemos visitado, incluso diría que tenía un aspecto más propiamente occidental. Era enorme con muchas áreas diferenciadas entre sí , la pena es que los últimos jardines (había nueve jardines, varios estanques y riachuelos entre otras cosas) los tuvimos que ver deprisa y corriendo porque queríamos llegar a Kanazawa antes de que anocheciese.


Otra vez nos tocaba comida de combini de estación como dos campeones. La verdad es que ese día comimos que daba gusto vernos. De entrante unas sanas y nutritivas patatas fritas, eso sí eran un poco más gruesas que las que conocemos aquí y el sabor era diferente, menos saladas. Y de principal un bento en el que lo principal era el tonkatsu (cerdo empanado). Rico, rico, con fundamento.



Tras muchas horas zzzzzzzzz... Llegamos a Kanazawa, donde dejamos comprados los ticket para el viaje del día siguiente y de ahí al alojamiento. Era un apartamento enorme en un Aparthotel, pero me quedo con la mejor forma de recibir un yukata.


Sí, aún guardo los dos origamis que nos dejaron, más salaos que están en su sitio en el salón.

Y para terminar el día, una vez más, cenita en Izakaya donde pedimos una especie de brochetas de cosas varias rebozadas. La verdad es que entre el alcohol y la comida que no es nada barata en este tipo de establecimientos nos salió cara la broma (4.644 JPY, unos 38€ entonces), pero estuvo bastante divertido el ambiente borrachuzo japonés.



Darío Palacios

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