Día 9: Kanazawa, Shirakawa-go y Takayama

El día en Kanazawa comenzó con una visita temprana al Kenroku-en, considerado uno de los tres mejores jardines de Japón. Yo personalmente más que un jardín, lo llamaría parque; aunque en Japón llaman a todo espacio con zonas verdes jardín.

Este 'jardín' del periodo Edo recibe su nombre por un célebre jardín chino el cual decretó los seis atributos para la perfección: aislamiento, amplitud, artificialidad, antigüedad, agua abundante y amplias vistas (kenroku significa seis combinados). Esos seis atributos definen perfectamente lo que os vais a encontrar en el Kenroku-en.

Os recomiendo su visita temprano (300 JPY/pax), a primera hora de la mañana como hicimos nosotros, por un lado había una tranquilidad y una paz que permitía disfrutar de un paseo sin prisas antes de visitar el resto de la ciudad. Nosotros tuvimos mala suerte con el tiempo: tocó visita pasada por agua.




Este día tras desayunar (y acompañar muchas comidas con arroz, todo sea dicho de paso) apetecía variar un poco y pedir algo menos sano, typical western: bollería industrial xD. Por supuesto no podía faltar el matcha latte del Family Mart.

Después de una buena forma de comenzar el día, cruzamos el Asano-gawa ya sin lluvia y tuvimos el día inmejorable para conocer el Higashi-chaya-gai. Como podéis ver en las fotos a continuación, tienen un aire retro y bastante entrañable.

Este es un vecindario de callejas de principios del siglo XIX en el cual ejercían su oficio las geishas, algo así como el barrio de Gion en Kanazawa. Las callejuelas secundarias no tienen la misma espectacularidad que la calle principal en la que se ha cuidado hasta el pavimento. 



A continuación visitamos dos casa-museo de geishas. No eran okiyas en el sentido de casas de formación como por ejemplo se puede ver en la película 'Memorias de una Geisha'. Si no lugares donde Geishas adineradas e independientes vivían y recibían a su clientela.

Comenzamos por 'Shima' (500 JPY/pax) en la cual pasaba algo extraño, al menos a mi juicio, entrabas y tras pagar la entrada te llevaban a unas consignas donde dejabas tu calzado, cámaras de fotos, bolsas, etc. Te dejaban hacer fotos pero sólo con el móvil, sólo les quedaba poner un hashtag en la entrada y terminaban de entrar con fuerza en el siglo XXI. 

Esta casa era bastante pequeña pero con numerosos lujos para la época. Al final había un expositor con una extensa colección de objetos variados la cual era bastante curiosa. Yo personalmente me quedo con haber conocido la arquitectura interior de Shima pues en el folleto que te daban veías el uso que se le daba a cada estancia y la verdad es que todo estaba muy pensado.



Mención especial a un cuarto situado en planta baja en el que estaba la antigua cocina, me imagino que al igual que la arquitectura tradicional española esta disposición obedecía a una doble función: por un lado el calor de la cocina servía para calentar las estancias superiores, y por el otro la división en dos plantas obedecía a separar las dependencias privadas de las públicas.

Era espectacular, una pena que las letrinas las reconvirtieran a baños modernos para uso de las visitas, me habría gustado haber visto algo parecido a la siguiente imagen.


Después visitamos la otra casa, mucho más lujosa y grande en tamaño: Kaikarō. Su visita (750 JPY/pax) era más impresionante pero también se la veía más remodelada y con más visitantes lo cual a veces hacía que perdiera la autenticidad de estar allanando la intimidad de la residencia de una célebre geisha.



Y para terminar la visita al Kanazawa más tradicional qué mejor que ir a... (redoble de tambores y timbales) el distrito de Namagachi (el barrio samurái). Pasear por estas calles hace que te acabes sintiendo en el periodo Edo a falta de las tradicionales Katana y Wakizashi. 

Aunque la extensión del barrio es más amplia, la más interesante a mi juicio es mucho más pequeña, de hecho para localizarlo tuvimos que ir primero a la casa museo del Samurái Nomura y allí preguntar cómo se iba a estas callejas, estaba por allí cerca.



También merece la pena visitar el lugar antes mencionado: la Casa del Samurái Nomura, aunque el interior no es tan espectacular como en la casa de las geishas, su jardín merece la pena. Por supuesto aunque no es el único lugar, aquí también se ve una armadura completa de samurái. Para los curiosos deciros que con el inicio del periodo Meiji, la familia Nomura, al igual que todos los samuráis, perdió sus privilegios y sufrió un expolio en todas sus propiedades quedando apenas esta casa la cual es mantenida por una sociedad para su conservación.




Después del Kanazawa más tradicional tocaba volver a su moderna estación donde nos pillamos un bento para comer rápidamente ya que tocaba coger en breves el autobús que nos llevaría a Shirakawa-go. Este bento es otra muestra de cómo les encantan las cucadas (allí lo llaman kawaii) para muestra la caja del bento:



Y el postre: ¡Dorayaki!, el favorito de Doraemon (sí, me siento viejuno).


Después de unas horas de viaje finalmente llegamos al pueblo en las montañas de Shirakawa-go. Éste es uno de los máximos exponentes de la arquitectura Gasshō-Zukuri. El origen de este nombre es curioso: gasshō significa rezo y la forma de los tejados de este tipo de arquitectura recuerda a dos manos en posición de rezo. Esto se hace para combatir la acumulación de nieve durante los duros inviernos en los Alpes Japoneses. 

El pueblo se visita rápido, y la mejor forma de empezar a conocerlo es seguir un sendero que bordea el pueblo y asciende hacia la montaña para ver las mejores vistas. Estas cambian en función de la estación. Nosotros vivimos el inicio de la primavera, antes del florecimiento del sakura:



Después tocaba dar una vuelta por el pueblo. La verdad es que antes de llegar tenía la errónea imagen de que todas las construcciones son de este estilo, pero yo más bien diría que el sesenta por ciento, no obstante, merece la pena.

También vimos alojamientos para pasar la noche allí, pero eso ya me parecía demasiado.


Las plantaciones de arroz están en sus inicios, hasta el inicio del verano no se empezarán a ver tallos, pero coñe, ¡ver los cultivos inundados también tiene su gracia!



Y en las tiendas de recuerdos, vimos kitkat de Dorayaki y Sake. No los vimos en ningún otro lugar, tras probarlos confirmó mi teoría de que hay ciertos sabores que mejor dejarles en su lugar original... ¿Helado de vino tinto? :S


A la ida el autobús era una cosa normal: todos los asientos llenos, en el segundo tramo en el que fuimos de Shirakawa-go a Takayama... Se empezaron a sacar asientos desplegables de los laterales de los asientos ocupandose el pasillo del medio. Ver para creer.


Después de un viaje un tanto largo, llegamos a Takayama, nuestra última parada del recorrido por los Alpes Japoneses. Lo primero fue llegar al alojamiento, era el más barato de todos los que pillamos en el viaje de japón y no estaba nada mal. Incluso tenía unos baños bastante grandes en los que te podías relajar. Ese momento de relax, con la frente perlada de sudor supuso el germen de este blog.


Como anécdota deciros que lo primero que hicimos nada más salir fue ir pitando a una tienda de electrónica, subestimé la cantidad de fotos que haría en este viaje así que dejé la tarjeta de memoria prácticamente llena. ¡Menos mal que la encontré y pude aumentar mis reservas!

Aún era temprano así que aprovechamos para hacer una visita nocturna al Sanmachi-suji el famoso distrito de mercaderes en el que hay muchas destilerías de sake. Claro a esas horas todo estaba cerrado.



Takayama está en el distrito de Hida, el cual es famoso por la carne del mismo nombre la cual es una variante del Wagyu como también es el Kobe. Con esto en mente fuimos a buscar un sitio donde cenar, fue casi accidental su encuentro. Más tarde descubrimos que salía en la Lonely: el Tenaga Ashinaga. Aquí aprovechamos para probar las delicias locales antes mencionadas preparadas de dos formas: Shabu-shabu y a la piedra, la mejor cena del viaje por 3.860 JPY los dos (unos 31€ al cambio entonces).




Darío Palacios

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