Día 14: Kamakura y Shinjuku

Kamakura, una de las antiguas capitales de Japón (concretamente entre 1185 y 1333), fue la excursión con la que comenzamos el tercer día que pasamos en Tokyo. Situada a una hora, es un destino ideal para visitar en un día.

La ciudad de Kamakura, además de por su historia y por sus templos, es muy conocida por su buda gigante situado en el Templo Kotokuin.  Este buda, que recuerda al de Nara, es una estatua de bronce de 13,41 metros de altura. Ahí es nada.

Sin embargo decidimos dejar esto para el final y empezar por el Santuario Tsurugaoka Hachiman-gū, el cual se encontraba situado a unos pocos metros de la estación de tren. Curiosamente en este santuario se estaba oficiando una boda en esos momentos (y van…).


La visita del templo aunque pequeño, se hizo de disfrutar por no haber casi gente. También es recomendable el paseo por las zonas verdes aledañas y sus estanques, donde volveríamos de nuevo por la tarde.


Al salir del mismo nos entretuvimos en algo que habíamos visto y en lo que había que detenerse. A los pies de la escalinata de acceso al templo había algo que sólo había visto en mangas/animes o películas ambientadas en Japón: los tenderetes propios del Hanami. Os parecerá raro, pero no pedimos nada.



Quiero destacar uno por lo característico del mismo: se trataba de una especie de juego de niños por el cual pagabas una cantidad de yenes a cambio de unas palas de papel. El objetivo del juego consistía en cazar peces con esa pala, la dificultad venia por ser de papel de arroz la pala, ésta se disolvía. Quien sea un poco friki sabrá de lo que hablo.


Toda esa parafernalia no era para menos, pues unos metros más allá comenzaba una especie de boulevard de árboles de cerezo en flor (que llegaba hasta la costa). En esos momentos estaban poniéndolo de punta en blanco (valga la redundancia), y por ello estaba cerrado al público.


Seguimos caminando viendo otro templo el Kenchō-ji (300 JPY). En este monasterio había numerosas construcciones dispuestas a lo largo de un largo camino, además de otras construcciones menores a los lados. Una de ellas, por ejemplo, era un templete que se trajo piedra a piedra desde Tokyo en el siglo XVII, para alojar un buda de unos tres metros.



El edificio más impresionante de todos (foto superior) era el último. Éste se podía recorrer en su perímetro caminando a lo largo de una plataforma perimetral. Al otro lado se descubría un parque muy chulo. ¿Recordais que os hablé en la entrada anterior de los 'mon'? Pues este tenía el mon de la familia Hojo: un triángulo equilátero subdividido en otros tres triángulos.


Sin embargo esa no era la auténtica joya escondida. Si seguís un camino semioculto que se encuentra por un lateral del edificio, atravesaréis varios toriis que os van dirigiendo por un camino a lo largo del valle hasta que éste termina en una larga escalinata vigilada por... Tengus (os los mencioné en la entrada de Kurama). Impresiona, ¿verdad? Pues imaginaros la sensación de curiosidad e inquietud que nos embargaba al ascender este camino al ritmo del golpeteo del taiko. Más tarde descubrimos que arriba había un monje oficiando una ceremonia.

 
Los tengu son criaturas del folcklore japonés los cuales no queda claro si son protectores o símbolo de presagios negativos. Lo que sí se cuenta es que son los que trajeron las enseñanzas de las artes marciales al Japón. Con aspectos que varían desde la nariz larga hasta los picos en la faz.


Desde aquí había unas vistas impresionantes del valle y a lo lejos... Del Fuji, se supone, esto último nos lo perdimos (mierda).



En lugar de visitar otros templos, bastante conocidos en Kamakura, como pueden ser: el Hase-dera, famoso por su gran estatua de Kannon y sus numerosos jizos; o el Engaku-ji; decidimos no sobresaturarnos con los templos (porque si hay algo que hay mucho en Japón, son edificios religiosos) e iniciar una pequeña ruta de senderismo que nos llevaría a descubrir otro tipo de lugares.



Así fue como llegamos al Genjiyama-koen, un parque público construído hace poco para conmemorar el 800 aniversario del inicio de la era Kamakura (iniciada por Minamoto-no-Yoritomo al terminar las guerras Gempei).

Además de una gran estatua del propio Minamoto-no-Yoritomo hay un santuario. El Kuzuhara Oka-jinja el cual era como cualquier otro: con su torii a la entrada, su lugar de ofrendas, pero con una salvedad… Y es que parecía griego. Esto último es una broma personal, pero justamente a la derecha del torii de entrada había un lugar donde a cambio de unos donativos cogías un platito y le tenías que romper contra una roca. No vi instrucciones, sólo mucha gente repitiendo lo mismo y algunos lamentando si no lo rompían así que me imagino que si lo rompes suerte si no, mal asunto.



En este mismo parque, además de una gran excursión de niños escolares que estaban tomando el almuerzo ese fin de semana, vimos a grupos de personas situadas en una pequeña falda bajo los cerezos en flor. Según carteles a lo lejos se divisaba el Fuji-san y una vez más seguimos sin ver nada. Desde luego que las ofrendas sintoístas no estaban funcionando :-(.


No había tiempo para quejarse de lo que no se podía tener, así que seguimos recorriendo la ruta hasta el final. Hay que decir algo positivo en esta ruta pues nos permitía alejarnos por un lado de la masificación que empieza a haber en estos sitios una vez pasada las primeras horas de la mañana y por el otro, lo ya mentado, nos permitió conocer Kamakura de otra forma sin sobresaturarnos con los templos (pensad que veníamos de haber estado en Kyoto, Nara, Fushimi inari, Kurama, Miyajima y Nikko que son platos fuertes en materia budista-sintoísta).

El final de esta ruta nos dejaba a escasos metros del Templo Kotokuin (220 JPY) donde como dije en la entrada mora el Buda más famoso de la región.


Contaba la historia que en su momento el pobre hombre tenía un techo en forma de templo, más la fuerza de los elementos quisieron desproveerle de refugio y dejarle expuesto a los elementos. Sea por esto, sus dimensiones o su relación con las construcciones aledañas daba la sensación de tener un tamaño menos imponente que el de Nara que, además de grande y estar sobre una tarima, parecía que estaba a punto de reventar el Todai-ji donde se encontraba alojado. 

El interior está hueco y tras una breve cola de unos cinco minutos es visitable, allí se ve el interior con las juntas de ensamblaje del bronce así como el hueco del cuello.

Ya era un poco tarde, tal vez serían casi las 15h y en Japón eso es más tarde. Caninos como estábamos había que buscar un sitio donde poder comer rápidamente, mientras volvíamos al primer santuario del que os hablé (el Tsurugaoka Hachiman-gū). En última instancia el plan era comprar algo donde los puestecitos, para tomarlos mientras disfrutábamos del Hanami bajo los cerezos en flor. No obstante no hubo que llegar a esos extremos y pudimos tomar un yakisoba (380 JPY/u) en un puestecito que vendían de todo a medio camino.



Volvimos por la calle Komachi que habíamos visto a la ida, la calle era preciosa y nos llamó mucho la atención; sin embargo por la tarde estaba masificada. De la gran avenida que llevaba hasta la costa ni contaros. Sin embargo en las inmediaciones del santuario sí que se podía estar y merecía la pena.



Tras decidir que no nos quedaba nada más que hacer en Kamakura dimos la vuelta hacia Tokyo. Esta vez visitaríamos el barrio de Shinjuku. Durante este camino vi como pusieron en las pantallas el siguiente mensaje:


Creo que no hace falta explicar la razón. Sólo comentaros que a lo largo de la semana que estuve en semana en Tokyo lo habré visto como tres veces.

Hablar de Shinjuku es hablar de un barrio que resume lo que es la propia ciudad de Tokyo, de hecho se podría decir que aúna todo lo bueno y malo de la capital nipona. El mayor contraste lo producía la propia estación de tren. A un lado de esta teníamos todos los grandes almacenes, locales de juego, bares de host y hostess, locales de alterne (supongo algunos de ellos regentados por las mafias locales, la Yakuza)... Y al otro lado de la calle, grandes oficinas en forma de altas torres, lugares de trabajo donde se hacinan numerosos salary-mans y las Oficinas del Gobierno Metropolitano de Tokyo. Empezamos por la zona más animada.

                              

Tal vez os preguntaréis qué son los locales de host o hostess. Ambos palabros son lo mismo, pero en masculino y femenino. Básicamente son escorts o personas de compañía quienes mientras estás en el bar te acompañan, te dan conversación y les tienes que invitar beber y esas cosas. Van a comisión con el garito de turno.


Fijaros en el prototipo de belleza andrógina que se estila por estos sitios. ¿Dónde quedaron los hombretones tipo Toshiro Mifune en sus películas de samuráis? xD

Una vez recuperados del susto fuimos al Golden Gai, una pequeña zona escondida en el interior de Shinjuku la cual la componen algunos de los edificios más antiguos de Tokyo, edificios construidos posteriormente a la Segunda Guerra Mundial. Aquí se sucedían baretos minúsculos y tablaos flamencos que se iban hacinando unos encima de otros. Una zona llena de personalidad en medio de la estridente Shinjuku.



Para la cena escogimos un sitio de sushi. El sushi lo habíamos probado pero no de esta forma: Kaitenzushi o lo que viene a ser lo mismo, barra de sushi giratorio. Salía a 100 JPY el platito por lo que era muy barato, y la calidad del mismo... No era mala, a la altura de los sitios normalillos de España que te cobran unos 16€ el menú variado de sushi. Así que a ponerse ciegos de sushi barato. Como curiosidad allí vimos a uno de los chavales de los que os hablé antes y es que son clavados a las fotos.

               

Y para terminar el día... Fuimos a las Oficinas del Gobierno Metropolitano (obra de Kenzo Tange). Por el camino vimos los grandes edificios de oficinas de los que os hablábamos, algunos de ellos iluminados y aún con gente currando. También se veían por las calles salarymans que volvían a sus casas.

               

¿Recordáis que os hablé en la entrada de las Roppongi Hills del primer día? ¿Recordáis que había un mirador en lo alto?. Pues en estas oficinas las cuales están abiertas hasta tarde también tenemos mirador pero GRATIS (de la cofradía del puño cerrado que somos). 



Así fue como terminamos el día... Hasta entonces habíamos visto brotes de lo que estaba por avecinarse, pequeñas pinceladas de la causa de haber escogido este viaje en estas fechas... De lo que empezaríamos a disfrutar a partir del siguiente día. ¡Sí! Hablamos del Hanami, pero esa historia os la contaré en otra ocasión.


Darío Palacios

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