Dos días en Dublín

Hay sitios que sabes lo que vas a ver. Son tan conocidos que quieres ir allí para ver lo que mostraban las instantáneas tomadas por otros. Esa información que seleccionaron al apretar el disparador y que por una razón u otra quieres conocer. A todos nos vienen a la memoria los Nueva York, París o Londres.

No digo esto buscando desmerecer estos lugares, pues muchos de ellos son auténticas experiencias sensoriales. Escribo para reivindicar esos sitios que hay que ir sólo para vivirlos, hablo de lugares como Dublín.


¿Con qué me quedaría de Dublín? No lo sé, tal vez con los pubs, puede que con el ambiente en las calles... O con la amabilidad de sus habitantes. Tiene algo que le hace especial y tampoco sabría deciros qué es. Creo que es algo que hay que vivirlo y sentirlo... Incluso tengo la sensación de no haber vivido todo lo que hay que vivir ni sentido todo lo que hay que sentir. Aunque esto último siempre me pasa en todos los viajes.

Este sitio es un buen destino para una escapada en un fin de semana, eso fue lo que hicimos así que voy a contaros mi experiencia por si alguien quiere conocer este lugar tan especial y busca alguna idea de cómo hacerlo.

Día del vuelo (viernes)
El avión aterrizó a las 21'30 aproximadamente, no tardamos mucho en salir del aeropuerto. Desde allí había varias posibilidades para ir a Dublín: en taxi por unos 25€ (sale bien siendo cuatro), con el Airlink por 6€ cada uno -este es un autobús que en unos 35 minutos te deja en el centro-, y un tercer autobús más económico, con más paradas que se va a la hora de trayecto.

Por la hora que era y por la situación del hotel nos decantamos por el Airlink por lo que a las 23h ya habíamos hecho el check in en el hotel y estábamos cenados. Como curiosidad deciros que aunque sean de cenar pronto hay muchos sitios que permanecen abiertos hasta más tarde, nosotros nos decantamos por un sitio de fish&chips.

El hotel no podía estar en mejor sitio, era el Jurys Inn Christchurch que como su nombre indicaba estaba justo frente a la catedral de Christchurch. Pero de esto hablaremos más adelante.
Tras cenar nos dirigimos a la zona de Temple Bar, conocido por sus numerosos Pub. Este tipo de locales, en el sentido de bar de barrio los hay por toda la ciudad, sin embargo en esta zona en concreto se concentran otro tipo de Pub, con más ambiente, música en vivo y por supuesto muchos turistas (demasiados incluso, diría yo). Dado que ya habíamos entrado en esa vorágine del turisteo escogimos el garito por excelencia para esto: el Temple Bar Pub de Temple Bar barrio donde cayó una guiness mientras disfrutábamos de la música en vivo. ¡Qué bien versionaban algunos clásicos!


En cuanto terminó dimos la vuelta al hotel que al día siguiente tendríamos un día intenso.

Primer día (sábado)
Comenzamos el día con el desayuno, tenía la opción de morir por grasa o por azúcares. De perdidos al río escogí darme un homenaje con un desayuno tradicional Irlandés. En serio, ¿quíén desayuna morcilla?



Nuestra idea era conocer la ciudad con el Free Walking Tour, sin embargo éste no empezaba hasta las 11h. Así que comenzamos el día conociendo los dos edificios religiosos más importantes de Dublin: la catedral de San Patricio y la de la Santa Trinidad (también llamada Christchurch).

Empezamos por la primera, que abría a las 9 de la mañana.


Además de llevar el nombre del santo patrón de Irlanda, San Patricio (6 €), es también la catedral nacional de Irlanda y como tal está llena de elementos importantes en la historia de Irlanda, por no citar todos me quedo con el busto dedicado a Jonathan Swift, el autor de 'Los viajes de Gulliver' y antiguo Dean de esta catedral.



Después de visitar esta catedral que si algo se le podía recriminar era ese exceso de elementos en su interior nos dirigimos a la segunda Catedral (6 €). La Christchurch o de la de la Trinidad que es la más antigua de las dos.


La historia de la misma contaba que fue erigida por el rey vikingo Sitric y era de madera originariamente. Con el tiempo se construyó la actual catedral en piedra sin embargo más tarde se cayó la bóveda y posteriormente una de las naves. Se restauró en su totalidad en el siglo XIX. Con esto os podéis imaginar un poco el pastiche que había.


El interior quedaba un poco desmerecido al mezclar varios estilos arquitectónicos en un espacio tan reducido con unos materiales que parecían bastante nuevos. La joya de la corona residía en la cripta, impresionante y antigua como ella sola, merece la pena la visita sólo por conocerla. Eso sí me sobraba todo el merchandising que tienen montado allí.


Al salir íbamos bien de tiempo, habíamos quedado en O' Conell Street por lo que aprovechamos el camino a la principal arteria de Dublín para pasar por el Ha'Penny Bridge. Un puente con una historia de lo más interesante. Resulta que este puente recibió el sobrenombre de 'El Puente del Medio Penique' al ser este el peaje que había que pagar para poder cruzar por el río Liffey.


Tras las fotos llegamos a The Spire, una especie de obelisco que se encontraba en pleno O'Conell Street frente al edificio de Correos, donde estaban esperando los clásicos paraguas amarillos para el Tour.


Tenían dos tour, uno por la zona norte y otro por la zona sur. Escogimos este último, dado que era el que concentraba lo que era más interesante a nuestro juicio. Recorrimos el puente de O'Conell, el cual es más ancho que largo; fuimos a la Trinity College, la primera universidad protestante; recorrimos Dame Street y de ahí fuimos a Temple Bar. A continuación visitamos el castillo, en su momento símbolo del poder Inglés en la isla de Irlanda.


Tras terminar en la Catedral de San Patricio tomamos un autobús, que nos llevaría a la antigua cárcel de Kilmainham Gaol donde teníamos contratada una visita guiada a las 16h (7€). Es importante reservar esto con tiempo, si tenéis intención de visitarlo, pues vuela.

Comimos en un Pub que estaba al lado, en mi caso me decanté por un plato de ternera con salsa guiness. Era algo que vi por internet que se tomaba en la isla y me hacía ilusión probar. Estaba muy buena.


La visita en la cárcel era en el idioma de Shakespeare, no había otra opción pero tampoco nos queríamos perder la visita y era la única forma de conocer esta instalación la cual ha sido muy importante en la historia de Irlanda y en su independencia.



El resto del día sería más relajado, conocimos a Molly Malone (quién normalmente se encontraba trabajando por O'Conell Street) frente a la iglesia de Saint Andrews.


Nos dimos una vuelta por las zonas comerciales, en Grafton Street conocimos los almacenes Brown Thomas (algo así como Harrods a la Irlandesa). Después cruzamos el río Liffey para llegar a O'Conell Street y Henry Street.

Como no somos muy ingleses y sí españoles, sustituimos el té de las cinco en punto por la cerveza de las siete en 'The Church' una iglesia reconvertida en un Pub precioso y espectacular. Se podía cenar allí pero durante el tour nos recomendaron una hamburguesería, el Bunsen, situado en la zona de Temple Bar así que allí fuimos.


Terminamos la noche en otro Pub, de lejos el peor de los que estuvimos, no tenía nada especial y perfectamente podía haber sido un bareto del tres al cuatro en España. Así que ni le menciono jajaja.


Segundo día (domingo)
El fin de semana estaba llegando a su final. Teníamos pendiente darnos una vuelta por las zonas verdes de Dublín para posteriormente ir a la universidad, la Trinity College y conocer así tanto la antigua biblioteca así como el libro de Kells (11€. los domingos abre a las 12).

Empezamos yendo hacia la universidad para desviar por la calle de Nassau Street hasta Merrion Square donde estaba el parque de Merrion. Recomiendo darse una vuelta por las calles aledañas para ver las fachadas de estilo georgiano con sus puertas de diferentes colores.


Lo más característico de este parque, además del montículo de hierba que delata un antiguo refugio antiaéreo, era la estatua de Oscar Wilde en el parque.


El St. Stephen Green, situado a unos pocos minutos de Merrion Square,  era un parque mucho más espectacular en comparación. Con mucha vida tanto de locales como de turistas.


Finalmente llegó el momento de ir a conocer otra de las joyas de la corona: la biblioteca del Trinity College (11€) que abría a las 12, ya a menos 20 había una cola importante sin embargo no tardamos en entrar.



Entrar en un monumento de estas características, con ese aroma a libro viejo, vigilados por los bustos de grandes maestros del saber (os faltó el gran Cervantes), la verdad es que es un must be y creo yo, la mejor forma de terminar el viaje ya que te deja un agradable regusto con el que volver al aeropuerto.

Darío Palacios

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