Día 16: Excursión a los cinco lagos del Fuji-san

El monte Fuji, es en realidad un volcán y la cima más alta del archipiélago japonés. Dado su imponente aspecto, éste ha formado parte de la vida de los japoneses y se ha convertido en una de las postales o las estampas más comunes del país nipón.



¿Recordáis que el día anterior fuimos al templo Sensō-ji a sacar el papelito de la suerte? Pues bueno, la imagen de arriba corresponde a la vista desde Shin-fuji. Y fue la única en la que pudimos ver a nuestro querido Fuji-san enterito. Eso me pasa por listo.

El entorno del Fuji-san se encuentra rodeado de lagos, mesetas, cascadas y vegetación lo que hacen que merezca la pena su visita. Justamente por aprovechar esto al máximo fuimos a lo fácil: reservamos un tour guiado para este día (el único que el guía tenía disponible), por 16.500 JPY cada uno, lo que convirtió este día, en el más caro de nuestro viaje.

Tras las fotos de rigor desde la estación de Shin-fuji, pusimos rumbo a ver las Cataratas de Shiraito. Con 20 metros de altura y 150 de ancho son las más anchas de Japón y estoy seguro que de las más bonitas. El nombre no es casualidad pues significa literalmente 'hilos blancos' lo que hace justicia a la preciosa imagen que se forma al ver el agua fruto del deshielo del cercano Fuji caer formando finos hilillos de seda. 




A pocos pasos se encuentra la cascada de Otodome-no-taki con 25 metros de altura. Ésta tiene poco que ver con la primera al ser un gran torrente de agua en caída libre. Si las visitáis por vuestra cuenta, os recomiendo aparcar en el parking y así empezar por estas para ir de menos a más.


Como comentaba antes, debimos hacer el recorrido a la inversa pues al final del camino había un parking. Allí quedamos con nuestro guía no sin pasar antes por varias tiendas de souvenirs que pillaban justo de camino. Las tiendas como tal eran de libro, sin nada especial salvo un detalle. Unos cuencos de madera en los cuales se estaba conservando la raíz de la planta de la cual se extrae el wasabi (la típica pasta picante-agria que acompaña al sushi). Estaba a la venta, no sé si será típico el wasabi de esta región, pero aquí compramos el kit kat de wasabi... Wasabi y chocolate... Era un sabor muy extraño jajaja.



Lo siguiente a visitar eran los lagos. Empezamos por el más conocido: el Motosu-ko. Paramos en un punto desde donde, si el tiempo hubiera acompañado, se hubiera visto la imagen que aparece en el billete de 1.000 JPY.


El lago Soji (Soji-ko) era el más pequeño de los cinco lagos, desde allí la vista del Fuji era algo mejor, pero nos dimos por vencidos y asumimos que no íbamos a tener ninguna suerte con las vistas.


Como curiosidad, nos comentaron que antes el Sai-ko y el Shoji-ko eran un único lago, sin embargo en una de las últimas erupciones del Fuji-san la lava cayó sobre el lago dividiéndolos y creando una zona de tierra. Esta zona es la que luego cubrió la maleza y la vegetación para convertirse en el bosque de Aokigahara.

Afortunadamente no iba todo el asunto de ver lagos y el Fuji desde distintos puntos. La siguiente visita fue al bosque antes descrito. Como veis su origen no es uno cualquiera, desafortunadamente no es este hecho el único que ha hecho famoso a este lugar. Éste es el bosque que ha pasado a la historia bajo su otro nombre: 'El bosque de los suicidas'.

              

Ese nombre propio de película de serie B -de hecho existe una película reciente inspirada en este bosque- describe el uso que muchos le dan a este lugar y por el que tristemente ha pasado a la historia. 

Nosotros dimos una vuelta a lo largo de los senderos de este bosque y nos dimos el lujo de disfrutar de una belleza rara y poco común. Por un lado se veía como el propio terreno estaba hueco en algunos puntos fruto del gas que se acumulaba bajo la lava resultando en una orografía cuanto menos interesante. La vegetación ayudaba a la inmersión en aquel mundo.


A lo largo del paseo se van viendo numerosos carteles, algunos de ellos son carteles que animan a dar la vuelta y a desistir de la idea con la que la gente ha venido a este lugar. No sé si este en concreto también lo dice (lo digo por si acaso alguien sabe leer lo que pone xD).

El guía nos planteó una prueba, alejarnos unos 60 metros del sendero para terminar con aquella inmersión. No tardamos en comprobar que incluso un cambio de opinión podría no llegar a tiempo. Bastaba con alejarse unos cuantos metros para perder de vista el camino, por supuesto no había cobertura.

             



Al final del camino había un cartel que es bastante conocido, reza lo siguiente: 'Tu vida es valiosa y te ha sido otorgada por tus padres. Piensa en ellos, en tus hermanos e hijos. Por favor, busca ayuda y no atravieses este lugar solo.'


Todo lo negro es el bosque, su extensión no es reducida. Este cartel le vimos junto a la entrada de la caverna de hielo Narusawa, ésta también se encontraba en el Aokigahara.



Esta cueva es el resultado de unas bolsas de gas que quedaron atrapadas en el interior de la lava y se encuentra todo el año a temperaturas muy bajas por lo que durante el feudalismo nipón se utilizaba para almacenar hielo y llevarlo a la corte del Shogún o los Daimios en verano. Un gran tributo.


A la entrada almacenan unos bloques de hielo que se colocan al comienzo del año para que los visitantes vean el estado de conservación de los mismos. Sin embargo lo más impresionante eran las estalagmitas configuradas de manera natural por el goteo del agua que se condensaba.


La visita ya estaba llegando a su fin con la visita de la aldea tradicional 'Iyashi no sato' la cual os recordará no en vano a Shirakawa-go y a la Hida-no-sato de Takayama. En efecto se trataba de una reconstrucción de las aldeas tradicionales de la región las cuales se perdieron por las inclemencias del tiempo. También debería haberse visto el Fuji desde aquí.



Allí se encontraban mujeres voluntarias las cuales estaban allí para conversar con los visitantes contando sus experiencias. Tuvimos el placer de conversar (intérprete mediante) con una que era casi nonagenaria.

Allí también vimos una impresionante colección de muñecos. Estos muñecos representaban en la cúspide al emperador con su esposa y en cada escalafón inferior los demás miembros de la corte. Durante el Hina-matsuri se monta este altar en los hogares familiares para pedir salud, felicidad y un matrimonio temprano para las hijas. 


A partir de aquí tocaba momento friki, ¿y en qué consistió? Pues que por allí tenían una tienda con atrezo, la cual por el módico precio de 500 JPY (unos 4€) te disfrazaban de samurái y te dejaban el disfraz para que pasearas por el pueblo y te hicieses las fotos de rigor. Imaginaros lo que fliparían los japoneses al verme, ¡más fotos que me debieron hacer! xD. Además uno tuvo la amabilidad de enseñarme cómo se cogía la katana. 

Son estas pequeñas historias fruto de un diálogo y entendimiento entre dos personas que no hablan ni entienden la misma lengua, las que acabo recordando con una sonrisa y las que perdurarán en mi memoria.


Aún teníamos pendiente visitar el Sai-ko y el Kawaguchi-ko, el quinto lago y el más grande nunca estuvieron incluídos en el planning. Sólo visitamos uno de los dos y nos fuimos a comer porque la climatología no ayudaba. Fuimos a un sitio de sushi con la particularidad que hacías el pedido en una máquina junto a la mesa, y te va llegando en un trenecito. Horteradas que molan.

Aprovecho para hacer un inciso y mencionar uno de los must be: la Pagoda Chureito. Esta es una de las vistas más famosas del Fuji-san, en especial si coincide con el florecimiento del sakura. El tour que hicimos se supone que lo incluía pero sólo si hacía buen tiempo. Os cuento este punto de interés por si vais por vuestra cuenta y queréis incluirlo.

Ya al final del tour, cuando parecía que no íbamos a ver más el Fuji-san, el muy mamón tuvo la decencia de mostrarnos su cara una vez más mientras dábamos la vuelta rumbo a la estación de Shin-fuji. Supongo que atar el papelito al final no fue cosa mala.


Mi apreciación personal del tour, está muy bien pero hacer una reserva que no es barata en absoluto para tener que depender del tiempo... Si podéis id alquilando un coche o por vuestra cuenta mirando la meteorología el día de antes.

En Tokyo decidimos cenar en el depachika de la estación, pedimos shabu-shabu en un sitio de All you can eat (donde, según hablé con un compañero que estuvo viviendo por estos lares un par de años, debe ser lo más habitual). No entendíamos nada la carta así que escogimos lo primero que vimos sin saber qué estábamos pidiendo. Sea por la calidad de la carne que pedimos o porque no fue igual el trato, me quedo de lejos con el que comimos en Takayama.


Estábamos cansados tras el madrugón así que no teníamos cuerpo para hanamis, nos conformamos con dar un pequeño paso por las inmediaciones, donde comprobamos que no es necesario parque ni nada para montar el tinglado: únicamente un árbol, buena compañía regada de alcohol y algo de comida y sobre todo muchas ganas de pasarlo bien.



Darío Palacios

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