Día 17: Tokyo (Shibuya, Harajuku y vuelta a Shibuya)

Sin comerlo ni beberlo, en apenas un suspiro el viaje que llevaba ansiando varios años estaba llegando a su final. Curiosamente no me sentía ni cansado ni aburrido, algo que me preocupaba que pudiera pasarme al ser mi primer viaje de más de 9 días... Es más, quería seguir visitando Japón ya fuese yendo hacia Kyūshū o hasta Hokkaidō. Sin embargo como ya dijo Calderón de la Barca: "los sueños, sueños son".

El florecimiento del sakura ya estaba en su apogeo. Así que decidimos pasar la mañana en uno de los mejores sitios para pasar el hanami tokiota: el paseo del río Meguro.



Llama la atención ver a los japoneses hacer fotos de las propias flores como si fuese la primera vez que las viesen. Era precioso ver que disfrutan cada florecimiento como si fuese el primero de sus vidas. 

Mientras íbamos paseando empezamos a ver algunos de los pétalos caer. Cada vez que aparecía una brisa a traición un par de flores la seguían. Ésto fue lo único que nos quedó por vivir, el ocaso de las flores, el ver cómo los pétalos empiezan a caer para acabar cubriendo los ríos de un manto blanco que recuerda a la nieve recién caída. 


   
¿Recordáis que estuvimos en Shibuya por la noche? Pues también por el día. Y aquí está la foto prometida de Hachikō. La estatua de una de las historias más bonitas de la relación de amor entre un perro y su dueño. Hasta hicieron peli en versión hollywoodiense protagonizada por Richard Gere en el papel del profesor. 

Esta foto es una de las cosas más difíciles de conseguir en esta vida. Aunque esto es una exageración, tanto las personas que se agolpaban deseando hacerse la foto de marras; como las que estaban esperando a alguien complicaban el asunto. 


Es bastante habitual verle caracterizado al can en función del momento. Ese día era el día 2 de abril y desde entonces sé que ese día era el día mundial del autismo. Con motivo de esta fecha, habían montado un despliegue de medios en aquel día con el fin de concienciar de este trastorno psicológico.

La cosa tiene anécdota, pues después de la foto con Hachiko unos japoneses me pararon cámara y micrófono en mano. La conversación fue un tanto absurda, básicamente me preguntaron si sabía que ese era el día mundial del autismo y si sabía lo que era. Contesté que no y dije lo que creía que era (mirando en internet más tarde comprobé que no andaba muy desencaminado), después se produjeron unos silencios incómodos y tensos, no sé si no les gustó la respuesta, no sé si querían que dijera algo más, o si simplemente no nos entendimos una mierda, tras unos segundos incómodos nos despedimos y cada uno a lo suyo. Extraño pero gracioso jajaja.

Si la vida te da limones, pues te haces una limonada así que aproveché para hacerme foto con un cosplayer/animador que había por ahí... No me preguntéis cómo podía ver a la gente. 


Shibuya tiene el paso de peatones más famoso del mundo. Éste no es tan grande como aparenta, pero lo que sí que impresiona es la cantidad de personas que pueden llegar a cruzar simultáneamente en el momento que se pone el semáforo en verde. 

Fijo que hacéis como nosotros y lo cruzáis un par de veces para vivir la experiencia... Pues después hay que ver las vistas desde el Starbucks que se encuentra justo enfrente de la estación. Si no tomáis nada y vais de gorroneo, por dios no me seáis tan cutres de fastidiar a los que sí que se están tomando algo disfrutando de las vistas. Que he visto cada cosa para conseguir el selfie de turno...



Si queréis ir de compras Shibuya es un buen lugar, está lleno de centros comerciales, algunos de ellos -como es el caso del Shibuya 109- son toda una institución en Japón. Justamente en ese centro comercial compramos una bomber que se estaba llevando mucho por Japón y no tanto en España (cuestión de gustos). Por mi parte en el centro comercial del Starbucks, me di el homenaje de comprar un manga de Doraemon (500 JPY).

Además de ser una zona de ambiente para los jóvenes, también existen hoteles 'discretos'. Los conocidos como Love Hotel se pagan por horas y puedes alquilar o comprar de todo (disfraces, geles, etc.). Tampoco supone mucho esfuerzo encontrarlos pues apenas caminando unos pasos por una de sus calles secundarias se localiza unos cuantos, de hecho en función de la hora se ve entrar y salir a la gente.

                   

A un cuarto de hora de Shibuya, Se encuentra el barrio de Harajuku junto al parque de Yoyogi, otro de los sitios para disfrutar del florecimiento de los cerezos en flor. 

Sin embargo nosotros nos dirigimos a Takeshita-dōri con la intención de ver las tribus urbanas de Harakuju. Confiábamos en ver bastantes por ser fin de semana, sin embargo salvo cuatro o cinco personas, el asunto era bastante normal. Tras cotillear en alguna de las tiendas del lugar como Daisho, un todo a cien. Nos marchamos decepcionados a buscar donde comer. Se me quedó el sabor de que ésta era una calle innecesariamente famosa, demasiado masificada y decepcionante.



Claro, estando como estaba la calle Takeshita, todos los sitios estaban bastante masificados, nos metimos en uno de donburis donde pedí uno acompañado de pollo y huevos. Sin ser nada especial sabía mejor de lo que aparentaba, salimos los dos por 1.740 JPY. 

Tenía delito que hasta la fecha las visitas y los recorridos de arquitectura contemporánea habían sido casi testimoniales, no tardé en resarcirme con la profesión con un paseo en Omotesandō.

             

Omotesandō es otro barrio comercial como puede ser Ginza con la salvedad de que es uno de los mayores escenarios de arquitectura contemporánea mundial. Hablamos de tener en una sola avenida representación de Toyo Ito (Tods), Herzog & de Meuron (Prada), MVRDV (GYRE), Tadao Ando (Auditorio Collezione y las Omotesandō Hills), SANAA (Dior) y Jun Aoki (Louis Vuitton) entre otros. 

              
  

No iba a ser todo perfecto y mirando en Internet me he percatado de que se me pasaron algunos por estar algo más escondidos. Hablo de el Museo Nezo de Kengo Kuma y el Estadio Nacional de Yoyogi de Kenzo Tange. Ambos en los dos extremos de la calle.

Lo grave de este último caso es que sabía que había algo por ahí pero ni planteé acercarme. Ahora bien, en mi defensa diré: ¿Cómo va a acercarse alguien a ver un estadio, que a saber cómo era, viviendo este ambiente en el Yoyogi-kōen?



La llegada al parque puede ser confusa, pues tiene dos entradas, una que lleva al santuario Meiji, donde nos metimos la primera vez y vimos... ¡Otra boda!; y ya la segunda que es la que nos interesa. Conviene preguntar a los que estén por ahí por si las moscas.

Allí contábamos también con ver a los famosos rockabillies de Yoyogi quiénes se suelen colocar los domingos a la entrada para deleitar al  público con sus actuaciones. Pero ni rastro de ellos, supongo que son más de madrugar. A saber... 

Sin embargo no había tiempo para desanimarse. Primero fuimos crêpe en mano a dar una vuelta por el parque para, enseguida; ponernos a vivir de nuevo el hanami con nuestra esterilla, un par de latas, el yakisoba de turno y a vivir el ambiente ese que dicen que va de disfrutar de lo efímero de la vida...


Sin embargo Ueno mola más, ¿por qué? Fácil, tiene luz y por tanto dura más. En cuanto empezó a anochecer y el Yoyogi-kōen empezó a quedarse cada vez más a oscuras, tocó recoger el macuto y terminar el viaje a lo grande. ¡En Shibuya!





Japón mola, creo que llegados a este punto, todos estamos más o menos de acuerdo. También estaremos de acuerdo en que no deja indiferente. Y es que cada vez que crees estar en la zona de confort y que nada puede sorprenderte... De repente aparecen un grupo de unas 8 personas en kart disfrazada de los personajes del 'Mario kart' y te pegan una hostia en tu razón dejándote indefenso. Cuando te recuperas no te queda otra cosa si no esbozar una sonrisa en la que te vuelves a decir una vez más... Japón mola.



Y esta es la historia de cómo Shibuya fue el escenario en el que se materalizaría mi despedida de Japón, una despedida en la que tuve claro que nunca fue un sayonara (hasta siempre), si no un "Ja, mata ne!" (¡hasta pronto!).


Darío Palacios

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