Día 3: Ginebra (Genève)

El último día lo pasamos en Ginebra. No hicimos ninguna excursión ese día al considerar que todo lo interesante estaba demasiado lejos para ir y volver el mismo día.



Antes de seguir con la entrada me gustaría aclarar que Ginebra se puede ver en medio día, se pueden sacar cosillas con las que alargarlo y estar un día completo más no es necesario estar más tiempo. Debido a que lo tomamos con mucha calma porque sabíamos esto, el orden en el que vimos las cosas no es el más interesante y por ello lo cambiaré un poco para relatar qué ver en medio día, y qué ver si nos quedamos más tiempo.

Suponiendo que vengáis desde el aeropuerto (recordad con un billete gratuito) o bien desde otra ciudad en tren, vuestro punto de partida será la estación de tren. También es posible que tengáis el alojamiento por allí, en el barrio de Paquis.

Desde allí, lo más interesante es cruzar el Ródano por el Pont de la Machine para recorrer las comerciales Rue du Rhône y la más modesta Rue du Marché. La primera vez que las recorrimos fue al llegar desde el aeropuerto y verlas con las luces navideñas era espectacular. Por el día la ausencia de las luces se ve compensada con mucha vida en sus calles, incluso en un día entre semana.



Los dos símbolos de Ginebra no estan muy lejos de estas calles, el primero -no podía ser otra cosa en el país de los relojes- era el Reloj Floral en el Jardín Anglais. Al parecer su segundero es el más largo... ¡Del Mundo!


Un poco más allá se encuentra el Jet d'Eau. Aunque éste se ve prácticamente desde el cielo y desde cualquier lugar de la ribera del Lemán, merece la pena acercarse y verlo desde cerca y remojarse un poco de paso.


Sin embargo yo antes que estas dos cosas me quedo con su historia y con su centro, una ciudad vieja que nada tiene que envidiar a otras que hemos visitado, con su propia idiosincrasia. De todas sus localizaciones me quedo con la plaza Bourg-de-Four y sus calles aledañas, las cuales no me cansé de recorrer una y otra vez. Por esa zona había muchísimos restaurantes, de hecho escogimos uno de ellos para comer.

             


La catedral aunque no es de las más bonitas, tiene algo que la hace única, por un lado su interior gótico es completamente austero, como si hubiese sido construida en los inicios de este estilo arquitectónico. La fachada sin embargo contradice esto con una estructura neoclásica formada por un frontón con sus seis columnas sobre la escalinata de acceso. Arquitectura comúnmente civil en un edificio religioso, unidas ambas en un extraño matrimonio. 


Sin embargo en el centro hay lugares que no son los típicos turísticos pero que acabas descubriendo casi por accidente, hablo de sitios como el Ayuntamiento, en el cual no sé si quedarme con el patio o con la columnata que sustenta el edificio.


A las afueras del centro histórico, en dirección suroeste, está el Parc des Bastions, donde se encuentra la universidad. No es la más bonita y por supuesto nada tiene que ver con otras como la Trinity College de la que hablamos recientemente. 


Por la zona muchas veces te montan ferias o parques, justamente coincidimos con uno. Sin embargo lo que más nos divirtió por la frikada que suponía fue visitar el banco más largo del mundo, el cual se encuentra allí cerca tras subir una cuesta que se encuentra detrás de las esculturas del muro de los reformadores (foto superior).



Este banco es una buena forma de terminar la visita habiendo visto lo imprescindible de Ginebra, sin embargo puede que se de el caso que volváis desde el aeropuerto de Ginebra, por lo que necesitaréis pasar más tiempo en la capital del cantón homónimo.

Una buena forma de alargar este viaje es conocer la zona norte de la ciudad, hablo de las inmediaciones de la estación de tren, concretamente del barrio de Paquis. Un barrio que aglutina la pluralidad cultural de Ginebra, puede que por este sitio digan que Ginebra es la menos suiza de las ciudades de este país.


Otro barrio cercano a la estación es el barrio de Les Grottes, situado detrás de la estación, en el cual hay numerosas fachadas de colorines siendo un complejo de edificios el que se lleva la palma en cuanto a llamativo. Desde luego que cuatro guarderías acertaron escogiendo esta manzana como su emplazamiento.



Por último lo único que quedaría por visitar sería la zona donde se encuentra la sede de las Naciones Unidas. Siendo esta parte la zona más alejada, aunque es posible ir a pie, se puede aprovechar uno de los pases de transporte que proporcionan los alojamientos para ahorrar utilizando uno de los tranvías.


Frente al complejo tenemos la escultura llamada Broken Chair la cual representa el rechazo de su escultor, Daniel Berset, a las minas antipersona y las bombas racimo. Es una alegoría muy bonita, no por ello exenta de cierta melancolía.


El Palais des Nations es el complejo sede de la ONU, un edificio que salvo por su historia y lo que representa, no tiene nada que le haga especial. Se pueden realizar visitas en su interior las cuales requerían cita previa que no concertamos en su momento por carecer de interés para nosotros.. Muy cerca de allí se encuentra el museo de la Cruz Roja, que tampoco visitamos; y el jardín botánico que sí recorrimos como curiosidad ya que estábamos en esta zona.



Sí, aprovecho para mencionar que lo de la cruz roja que asociamos todos como símbolo de la sanidad es en realidad la cruz de la bandera de Suiza, no en vano fue un suizo, Henri Dunant, su fundador. De hecho se puede ver una escultura suya en las inmediaciones del Parque des Bastions.

El sabor de boca que me dejó esta zona norte, me recordaba a la zona de los edificios de la Unión Europea de Bruselas, importantes sedes que representan algo y forman parte de la historia del siglo XX y XXI pero totalmente fríos y prescindibles para una visita fugaz.

Por la noche la ciudad cobra otra vida en las primeras horas, especialmente merece la pena ver sus luces navideñas. Aunque el poco ambiente nocturno que hay nos pueda desmotivar... Siempre nos quedarán los atardeceres que nunca decepcionan:



De Suiza se pueden decir muchas cosas, yo lo resumo en una: 'no deja indiferente'... Al volver, sentíamos de alguna forma que lo que habíamos visto era el aperitivo de un país que nos pedía al menos otros siete días de nuestro tiempo. Días que en algún año, espero que no muy lejano, le daremos gustosamente. Hasta entonces habrá que conformarse con el recuerdo de lo vivido.


Darío Palacios

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