Día 2: De tour, Scheunenviertel y Nikolaiviertel

El segundo día lo empezamos en Zoologischer Garten de donde salía el tour Viva Berlín (costaba 9 € cuando fuimos nosotros). Si tenéis intención de hacer un segundo tour con la misma compañía -en nuestro caso el de Sachsenhausen-se tendrá acceso a un descuento de 2€ y oye, ¡todo ayuda!. 

Aunque las visitas de este Walking Tour comenzasen en Zoologister Garten (en Berlín Oeste), enseguida hay que coger el transporte público para encontrarnos con el resto de la visita en Hackescher Markt situado en el este de la ciudad, próximo al barrio judío. Y es justamente desde Berlín Este desde donde realmente empieza el tour, por lo que si os pilla mejor el segundo, no lo dudéis. 

No os voy a poner fotos de todo lo que visitamos porque a muchos sitios volvimos más tarde para verlos tranquilamente, así que prefiero espaciarlo en varias entradas. 

Empezamos la visita poniendo rumbo a la cercana Isla de los Museos, una isla en medio del río Spree la cual es Patrimonio de la Humanidad y buena culpa de esto último la tienen los numerosos museos que dan nombre a la isla.

Una vez dejamos atrás el Spree llegamos a Unter den Linden, el boulevar más famoso de Berlín donde entre otras cosas está el Zeughaus (actual Museo de Historia de Alemania), que nos recomendaron visitar; a su lado el Neue Wache (obra de Friedrich Schinkel), donde hay un precioso monumento dedicado a las víctimas de la guerra; a continuación estaba la Universidad Humboldt de Berlín y frente a ésta Bebelplatz


El nombre de esta plaza no os dirá nada sin embargo si os digo que se trata del lugar donde en 1933 se produjo la famosa quema de libros prohibidos por el régimen nazi la cosa cambia. Curiosamente esta quema -aunque instigada por el ministro de propaganda Joseph Goebbels- la iniciaron justamente los estudiantes de la Universidad Humboldt. 

A continuación visitamos Gendarmenmarkt donde además de la Konzerthaus de Berlín -en el centro- se encontraban las Catedrales Francesa y Alemana a ambos lados de la misma. Por muchos es considerada la plaza más bonita de la ciudad, no obstante aunque es muy bonita, personalmente me quedo con otras con más vida. 


Hicimos la pausa habitual de este tipo de tours en el fronterizo Check Point Charlie, una turistada en la que se paga por hacerse una foto o por llenar el pasaporte de sellos sin valor. Al menos la reconstrucción sirve para dar una idea de cómo podía ser físicamente uno de los puestos de control fronterizo entre las dos Alemanias durante la guerra fría. 



Desde allí no tardamos en visitar Wilhelm Strasse -la avenida de la que os hablé que fue el centro del poder político del Tercer Reich- allí nos contaron una curiosa historia relacionada con el mural que se encuentra en la planta baja. Éste databa de los tiempos de la RDA (la Alemania del Este) y era una alegoría de la felicidad del pueblo obrero imagen que contrastaba con la situación real. 

Próximo a la Wilhelm Strasse se encontraba el parking más fotografiado del mundo -no es coña- al ser el lugar donde aproximadamente se emplazaba el búnker de Hitler. Lo único que hay referido a esto es un cartel informativo a fin de no dar lugar a inapropiados homenajes póstumos. 

Desde allí nos dirigimos al final de nuestro waking tour en la Parisier Platz, donde se encuentra el símbolo de Berlín: la puerta de Brandenburgo, y próxima a ésta, el Parlamento Alemán. Durante el camino nos detuvimos en algunos de los homenajes que se han hecho en los últimos años, tanto a opositores del nazismo -como es el caso de la silueta de Georg Esler quién intentó atentar, bomba mediante, contra la vida del Führer- como a los Judíos asesinados durante el gobierno nazi. 

             

Como anécdota preguntamos por unos adoquines que habíamos visto por toda la ciudad ya el día anterior y nos confirmaron nuestra sospecha. Se trata de una especie de recuerdo al lugar donde antaño pasaba el Muro de Berlín.

Durante la visita al Monumento del Holocausto, el guía comentó un debate que al parecer lleva tiempo produciéndose. Éste consiste en que algunas personas señalan tanto la abundancia como el tamaño de los homenajes a los judíos víctimas del holocausto, en comparación con otros colectivos igualmente damnificados -como por ejemplo los homosexuales, gitanos o incluso los civiles polacos- que fueron también perseguidos y cuyos elementos igualmente reivindicativos no pasan de elementos casi testimoniales. Da la incómoda sensación de que parece que hubo víctimas de primera y de segunda categoría...


Sin entrar en polémicas mi opinión de esta obra de Peter Eisenman es que es preciosa, casi como un bosque de tumbas sin nombre donde merece la pena pasear unos minutos para dedicarlos a la reflexión.

Terminamos a las 15h por lo que tras una comida rápida fuimos raudos al norte de Mitte, al 'Gedenkstätte Berliner Mauer' un memorial del Muro de Berlín donde tenían el tramo mejor conservado. Allí pudimos ver lo que nos contaron durante la visita matutina y es que la cosa tenía más miga que un muro como su nombre indica. En realidad El Muro estaba formado por dos muros y entre medias un espacio ancho llamado 'la franja de la muerte'. Ese nombre no era gratuito pues además de zanjas, alambres de espinos, alambradas y trincheras había un espacio donde había continuamente patrullas acompañadas de perros a fin de evitar las fugas.


Ya podéis imaginaros que un muro puede ser fácil de saltar, pero tener a los pocos metros otro muro complicaba el asunto. Y eso es lo que pasó, que no todos los que lo intentaron tuvieron suerte, en honor de estas 125 víctimas oficiales hay un homenaje en forma de mural fotográfico en este parque. No es el único que vimos durante nuestra visita a la capital germana.

Por si fuera poco además de los muros, alambradas, las patrullas y los controles, también había lugar para los grandes torreones de vigilancia situados también en medio de 'la franja de la muerte'. Todo un entramado de seguridad que circundaba el Berlín de la Alemania Occidental -el único oasis capitalista en medio de la RDA- para evitar las influencias nocivas capitalistas. La realidad por supuesto era algo tan sencillo como para evitar que los ciudadanos de la URSS huyesen al lado capitalista.



Tocaba volver a cambiar de tercio histórico y volver a los inicios del holocausto, y qué mejor lugar que ir al cercano barrio judío de Scheunenviertel, el cual como se indicó al principio se encontraba cerca de la isla de los museos, al otro lado del Spree. 

La visita la empezamos en lo que queda de la Nueva Sinagoga, la cual fue rehabilitada. Este edificio fue testigo mudo de los ataques durante 'la noche de los cristales rotos' acontecimiento que supuso el inicio del genocidio judío. Curiosamente sobrevivió a aquel acontecimiento para finalmente verse derruida durante la guerra por fuego aliado. En el interior alberga un museo sobre la vida de los Judíos en Berlín.


Dejando la historia a un lado, la sinagoga era mucho más bonita por fuera, su fachada neobizantina impregnada de color no dejaba indiferente. También puede que parte de esa impresión se debiese a que apenas pudimos visitarla ya que cuando fuimos nos dejaron entrar, pagamos para que apenas 5 o 10 minutos después nos dijeron que cerraban y que nos fuéramos. Creo que algo así sólo me ha pasado dos veces en mi vida y la primera en un bar... Si tenían intención de cerrar sería conveniente que no nos dejasen entrar, o que al menos nos avisasen de ello.


Visitando el Scheunenviertel resulta imposible abstraerse del gran hito de la ciudad de Berlín: la torre de la televisión situada en Alexandersplatz y que visitaríamos más tarde. 



Os presento a Ampelmännchen (lit. hombre del sombrero), una figura de lo más simpática y popular que nos acompañaba en gran parte de los semáforos. Una figura que era propia de los semáforos de la extinta RDA y que paulatinamente está desapareciendo viéndose reemplazada por los más anodinos muñecos que tenemos en todas las ciudades y que ya conocemos. Pues el señor Ampelmännchen tiene su propia tienda de merchandising justo en el centro de Berlín, en uno de los patios interiores más famosos de la ciudad: los Hackesche Höfe.


Una sucesión de edificios modernistas con diferentes estados de conservación unidos entre sí como que no quiere la cosa por patios interiores aparentemente inconexos entre sí. En ocasiones la unión es evidente, en otras hay que ir dejándose llevar recorriendo pasadizos, callejones para de improviso enontrarse con otro patio que poco tiene que ver con el anterior. En estos van sucediéndose desde galerías de arte hasta bares pasando por restaurantes, pubs, tiendas, incluso el Centro Anne Frank, etc. Y todos tenían en común en que en general eran buenos, bonitos y no tan baratos. 




El día lo terminamos en Nikolaiviertel y sus alrededores donde estuvimos haciendo tiempo antes de subir a la Torre de la Televisión situada en Alexandersplatz. Fue un paseo tranquilo donde admiramos tanto la Iglesia de San Nicolás que da nombre al barrio como sus alrededores.

Aunque los alrededores de Nikolaikirche -así se llama en alemán la iglesia- son preciosos y recuerdan salvando las distancias al estilo de las ciudades medievales europeas en mi opinión lo mejor está muy cerca de allí: un discreto y no por ello menos bonito Ephrain-Palais. Un palacete pequeño en el que destaca su fachada redondeada convirtiéndose así en la esquina de una manzana cerrada.



               

Y fue justo con las vistas desde el mirador como terminamos el día, no pongo fotos de las mismas porque no anduve fino de pulso y a falta de luz y trípode no salió nada bueno jajaja.


Darío Palacios

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