Día 3: El Berlín subterráneo, Charlottenburg y visitando el Bundestag

En el tercer día tuvimos un par de visitas atípicas que las descubrimos gracias a la red y a los foros. Valoré tanto los consejos de otros viajeros, que este viaje en sí supuso un punto de inflexión en cuanto a mi forma de abordar los viajes, dando más importancia a la planificación previa.

La primera de las visitas fue el Berliner Unterwelten, una visita del Berlín subterráneo y su historia. Hay cuatro tours que tratan periodos y momentos históricos diferentes. En nuestro caso escogimos el primero que se llamaba 'Mundos en Tinieblas'. El cual estaba enfocado en el conflicto bélico de la Segunda Guerra Mundial, en los refugios antiaéreos destinados a la población civil así como la propaganda que había detrás. La visita la terminamos en un museo con hallazgos de la posguerra y de cómo en ausencia de cosas se las ingeniaban para reciclar los materiales bélicos, entonces inútiles.


La visita fue en español y el guía estuvo muy bien. La única nota negativa es que es que al ser el lugar de propiedad privada no permitían fotos, así queréis vuestro recuerdo toca pillarlas de su página oficial. Un detalle que pierde su importancia al compararle con el resto de la visita.

La siguiente visita -que no es de las top que mencioné en el inicio- fue al palacio de Charlottenburg, situado al oeste de la ciudad.

             

No lo visitamos por dentro, porque preferimos en su lugar centrarnos en sus jardines barrocos, los cuales son ideales para alejarse un tiempo de la gran urbe que es Berlín. Tras un breve descanso en las inmediaciones del lago, nos dedicamos a dar un paseo por el jardín. Tanto su decoración como su estilo me recordaban inevitablemente a Versalles y el palacio del Real Sitio de San Ildefonso (salvando las distancias claro está, al ser el caso alemán mucho más pequeño y menos ambicioso en comparación).

Si tenéis intención de visitar Potsdam y vais justos en Berlín podéis renunciar a visitar esto porque es más de lo mismo y palidece en comparación a la gran aglomeración de palacios que hay en esta ciudad próxima a la capital.


Y ahora os hablaré de la segunda visita de la que hablaba al principio -no me seáis impacientes- la cual fue al Reichstag o Bundestag, como queráis llamarlo. De hecho si buscáis información lo veréis con ambos nombres. ¿Y cómo se llama realmente? Pues según de lo que hablemos, si hablamos del edificio, éste mantiene su nombre original: Reichstag porque fue sede del imperio alemán (con esto os imaginaréis qué significa eso del III Reich). Y si hablamos del parlamento alemán, cuya sede está en el Reichstag, hablamos del Bundestag.


Esto fue algo que leímos en las guías que podía hacerse pero hasta que no tuvimos ayuda de la red no supimos cómo hacerlo exactamente. Como soy muy bueno os lo cuento, dad aquí.

Si os fijáis hay dos posibles visitas: la visita al Reichstag Dome, que viene a ser la cúpula diseñada por sir Norman Foster, visita que hará más del 90% de la gente; y la segunda visita –si la tenéis disponible- es la visita del edificio en la que veréis las dependencias del parlamento para terminar en la cúpula. Por lo que si hacéis la segunda no tenéis por qué pedir la primera. Si queréis ir, reservadlo con tiempo porque se agotan las plazas.


Una de las cosas más impresionantes y bonitas de esta visita, no por el elemento en sí, sino por su historia fueron los llamémosles grafitis que hicieron los soldados del ejército rojo en el edificio una vez cayó la ciudad de Berlín. Justamente la guía nos preguntó si nos imaginábamos lo que significaban los mensajes… Nada tenían que ver con: ‘Abajo Hitler’, o los ‘Viva Rusia’. De hecho los mensajes ensalzando la patria o a Stalin eran apenas testimoniales. La inmensa mayoría de los mensajes eran del estilo: ‘Aquí estuvo Pepito Perez el día 9 de mayo de 1945’

Recuerdo que uno de mis pensamientos fue del estilo, han pasado 70 años y seguimos poniendo el mismo tipo de mensajes xD.

Este tipo de mensajes se encuentran en gran parte de los muros de planta baja y no se han borrado en reconocimiento a su valor histórico.



El otro plato fuerte para algunos se trataba, lógicamente del hemiciclo. A primera vista resulta obvio que es mucho menos suntuoso en comparación con otros parlamentos, sin embargo me llamó la atención el cómo habían pensado en ciertos detalles como el que las sillas fuesen más convencionales pudiéndose mover de manera que de un solo vistazo se pudiese apreciar la representación gráfica de los diferentes partidos alemanes. Diría que se trataba de un parlamento adaptado a los nuevos tiempos de no ser por la persona que registraba los actas que lo hacía a mano -caso contrario pasaba por ejemplo en Budapest-, según nos contaron el rascatecleo resulta demasiado ruidoso para una sesión plenaria.

             

La joya de la corona por supuesto se trataba de la cúpula, símbolo no sólo del Reichstag, si no también de la ciudad de Berlín. Al llegar te dan una audioguía la cual te va explicando la cúpula complementando así las explicaciones que antes nos dio la guía en la excursión.

Esta cúpula tiene su historia, no sólo por su aspecto estético o su arquitecto, si no que se pretendía que ésta fuese un ejemplo de respeto al medio ambiente y sostenibilidad por lo que su intrincado diseño permite tanto la ventilación como la iluminación de la sala de plenos. Esto último mediante la disposición de los espejos que reflejan la luz solar de manera indirecta para evitar tanto deslumbramientos como un exceso de temperatura.

También pillamos una visita por la noche para ver las vistas nocturnas de la ciudad desde este punto, sin embargo no estuvimos mucho tiempo porque no merece la pena habiendo visto el skyline desde la Torre de la Televisión como habíamos hecho el día anterior.



Como teníamos intención de volver durante la noche, pasamos un par de horitas de la tarde haciendo de nuevo el recorrido del tour que hicimos el día anterior para sacar las fotos de marras que no había dado tiempo, así las reparto entre las dos entradas.

La primera foto es de la ampliación del Zeughaus (el Museo de Historia Alemana) obra del arquitecto I. M. Pei. Al haber sido Berlín prácticamente destruida se ha perdido casi toda su historia y su patrimonio. A pesar de esta desafortunada pérdida debemos quedarnos con algo positivo y es ver cómo algunos de los grandes de la arquitectura mundial se han dado cita en esta ciudad para plasmar parte de su legado y en la mayoría de los casos, de manera muy elegante.



Las fotos superior e inferior son respectivamente: La Universidad Humboldt de Berlín y Bebelplatz, para siempre conectadas históricamente debido a la quema de libros del 10 de mayo de 1933.

No se ve en la foto, pero a la izquierda de Bebelplatz se encontraba la Ópera de Berlín, en rehabilitación cuando fuimos nosotros. Y el edificio que se ve en la foto se trata de la Alte Bibliothek, la biblioteca de donde se extrajeron los ejemplares prohibidos para su quema. 

Estos sucesos son recordados -además de con un hueco visible con numerosos estantes vacíos representando el saber perdido- mediante una placa que recoge una cita de Heinrich Heine pronunciada más de 100 años antes de la quema de libros. Reza lo siguiente: "Eso sólo fue un preludio, ahí en donde se queman libros, se terminan quemando también personas". Escalofriantemente visionario.



Aprovecho también para meter un par de fotos del Monumento del Holocausto con las luces del atardecer, fue entonces cuando me di el paseo por su interior del que os hablé en la entrada anterior, merece la pena.



Recordáis que en la entrada anterior mencioné que había varios homenajes a las víctimas que se produjeron por intentar cruzar el Muro de Berlín, pues próxima a la Puerta de Brandenburgo también había otro homenaje, este último según he leído también ha estado en la ribera del Spree


Resultaba inevitable como cada día volvíamos una y otra vez a la Puerta de Brandenburgo. Será cosa de algo que nos atraía irremediablemente, tal vez su vida, o simplemente la puerta... Tal vez sólo sentíamos la misma llamada que numerosos berlineses por Unter der Linden.





Darío Palacios

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