Día 5: Sachsenhausen, Mauerpark y el East Side Gallery

Nuevamente comenzamos otro día en Zoologister Garten, pues teníamos otra excursión con los de Viva Berlin, en este caso al campo de Sachsenhausen. Como ya os comentamos, teníamos descuento tanto por la Welcome Card como por haber comprado la visita guiada al terminar otro de sus recorridos.

La llegada a Sachsenhausen es mucho más sobria de lo que uno puede llegar a imaginarse cuando viene a un lugar de estas características. No se llega a un campo de concentración, si no que llegamos a un pueblo que a primera vista no tenía nada que ver con un lugar de estas características, sin embargo tras 10 minutos recorriendo sus calles llegamos al enclave.


Durante este recorrido resultaba inevitable pensar en la ironía del cómo los propios habitantes del pueblo podían negar conocimiento de lo que allí sucedía, viviendo a escasos metros del lugar...

La visita al lugar únicamente requería un donativo de 0,50 € para el mantenimiento del lugar. De hecho recuerdo que me llamó la atención -como años después me volvería a pasar en Hiroshima- el hecho de que un lugar histórico como este, en lugar de optar por recaudar se prefiera difundir el mensaje para evitar que los errores se repitan. Porque como dijo George Santayana "Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo".

Tras recorrer un muro perimetral, en el cual había numerosas fotos y paneles informativos, finalmente llegamos a la que sería la entrada del conjunto. En el exterior, junto a ésta, se encontraba la residencia de los altos mandos que gestionaban este lugar. En la verja metálica de la puerta están las palabras que se ven en la foto superior: "Arbeit Macht Frei" las cuales aparecen en la entrada de todos los Campos de Concentración Alemanes. Su significado literal es: "El trabajo libera".


Esto respondía a las falsas promesas que se hicieron en un inicio cuando comenzaron las persecuciones. Se defendía la idea de 'domesticar' a los judíos para convertirlos en buenos alemanes mediante el trabajo, ya sabéis que la cosa no fue así.

En la guía nos comentaron la anécdota de que en Auschwitz la 'B' se encuentra invertida. La teoría general es que el judío que se encargó de ello protestó así por trabajar sin cobrar. Otros hablan de que era una forma de indicar a los nuevos prisioneros de que lo que leían, poco tenía de cierto.


Al igual que pasaría años después con el muro que separaría un país, el muro que delimitaba el lugar -y que bordeamos antes de entrar- no suponía una gran muralla infranqueable. Por supuesto que no lo era si obviamos el detalle de la franja previa en la cual si alguien, accidentalmente o no, ponía un pie era abatido desde la garita de control. Reglas que contribuían a aumentar el terror en el lugar.


En ese momento, para los alemanes, el concepto propio del campo obedecía a obtener la máxima productividad de aquellas partes menos 'útiles' para la sociedad alemana. Con planta triangular y disposición radial, desde un único punto con ametralladora y francotirador, se podían controlar todos los barracones. De igual manera esa disposición triangular se podía replicar pudiéndose así ampliar el campo de manera indefinida. Arquitectura del genocidio...


Nada han quedado de estos barracones, siendo lo que vemos en pie representaciones del interior para ilustrar el cómo eran las condiciones de vida de esta gente cuyo único delito, en la mayoría de los casos, era pensar diferente. El resto de los barracones están representados como rectángulos de grava.




La historia detrás de cada lugar, detrás de cada celda o cada pavimento hacen que realmente merezca la pena hacer esta visita guiada y no por vuestra cuenta. La visita en ningún momento fue morbosa ni escabrosa y siempre instructiva.

             

Os hablaba de la historia de cada pavimento... Si os fijáis en el solado de la foto a continuación os fijaréis que hay varios tipos de nivel de acabado, nada tenía esto que ver con chapuzas ni con numerosos niveles de subcontratación. Se construyó una pista de varios metros para que una parte de los prisioneros recorriese una y otra vez con el calzado que se les proporcionaba para testar así los materiales.


No he estado en Polonia por lo que no os puedo comparar con el campo más conocido por todo el mundo, sin embargo desde el principio dejaron claro que este campo nunca se concibió como lugar de exterminio como otros. Era un campo de trabajo y su único objetivo era la producción de los 'trabajadores' en condiciones de esclavitud. De hecho en la visita al Berliner Unterwelten nos contaron que conforme la guerra fue avanzando y Alemania perdiendo, la productividad de las fábricas -contrariamente a lo que solía pasar en este tipo de situaciones- fue en aumento.

También conforme avanzó la guerra no sólo se encarcelaron judíos, homosexuales, polacos o gitanos, si no que con el tiempo fueron ingresando a este lugar prisioneros de guerra de diferentes países, en su mayoría Soviéticos. Cuándo estos empezaron a exceder la capacidad del lugar fue cuando empezaron a disponer alas para su exterminio.



La más famosa fueron los hornos de gas (foto arriba) sin embargo no fue la única, los pelotones de fusilamiento o la ejecución por sorpresa durante el reconocimiento médico fueron otras de las vías que utilizaron para el exterminio de ese excedente de prisioneros de guerra conflictivos.



Tras visitar estos últimos lugares finalmente salimos de Sachsenhausen para volver a Berlín. Tras comentar al guía el fracaso del mercadillo de Tiergarten, muy amablemente nos recomendó que fuesemos a Mauerpark aprovechando que era domingo. 

¡Espectacular! La mejor forma de quitarse el mal cuerpo que inevitablemente te deja la visita. Hay de todo: mercadillo vintage, mercado de vinilos, moda, incluso barbacoas y karaoke al aire libre. De los mejores mercadillos en los que he estado. Así que Beck (cerveza) en mano y a recorrerse cada uno de los puestos disfrutando de la tarde del domingo...



Tras ese breve descanso y un par de compras en Mauerpark, nos dirigimos a Kreuzberg para visitar el Museo Judío de Daniel Libeskind. Con una arquitectura aparentemente caprichosa representa una estrella de David (símbolo judío) totalmente abierta, como si estuviese rota. De igual manera el edificio rompe con el entorno por el gran contraste de colores.




              

Su interior refleja lo que ya se venía anticipando en la entrada: luz tanto artificial como natural llegando desde los lugares más insospechados, como si de cortes en el suelo, paredes y techo se tratasen. Llevando a una reflexión sobre un pueblo roto.

Precisamente en su interior la exposición versa sobre la historia de dicho pueblo, desde sus orígenes hasta el holocausto. Ésta en mi opinión pasaba bastante desapercibida en comparación con su continente, el cual por sí solo merece una visita.

El último tramo del Muro de Berlín que nos quedaba por visitar se encontraba en el East Side Gallery. Una especie de galería de arte a lo largo de más de un kilómetro de muro que aún permanecía en pie. Justamente en este muro hay numerosos graffitis que plasmaban el sentir de la sociedad Berlinesa tras la reunificación.



La pena es que como pasa mucho con el patrimonio, éste no es valorado por igual por todo el mundo y en el momento en que lo visitamos estaba bastante lleno de pintadas. Sé que de cuando en cuando lo restauran y no tuvimos nosotros esa suerte.

Y para terminar el día nos detuvimos antes de cenar para relajarnos tranquilamente en un lugar atípico, no muy lejos del East Side Gallery. Su nombre es YAAM (Young and African Arts Market) y venía a ser una playa en medio de la ciudad, un lugar ideal para relajarse tras un día tan intenso como el que habíamos tenido al ritmo de música reggae.




Darío Palacios

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