Día 6: La isla de los museos y vuelta a casa.

La isla de los museos es un enclave en pleno Berlín que aunque aloje cinco museos bien podría considerarse a todo el conjunto como un gran recinto cultural.

A este entorno fue a lo que dedicamos nuestro último día de visita, aunque como ya se comentó, ya tuvimos una toma de contacto el segundo día. Para este día habíamos fichado un par de museos que queríamos visitar: el Museo de Pérgamo y el Neues Museum o Museo Nuevo. Existe la posibilidad de visitar los cinco con un único billete, no obstante era demasiado para nosotros y preferimos en su lugar empaparnos de lo que más nos llamaba.

El más espectacular de lejos es el Museo de Pérgamo el cual recibe ese nombre por el Altar de Pérgamo no obstante la visita del edificio dividido en tres alas comienza con la impresionante puerta de Ishtar:


Ésta era una de las 8 puertas que daban acceso al templo babilónico de Marduk y aunque no lo parezca no era la más grande, de hecho me suena haber leído que había otra más grande pero que no entraba en el edificio por lo que de desestimó su traslado.

Esta impresionante puerta es la mejor bienvenida que se puede recibir en este lugar la cual anticipa lo que vamos a ver: un museo no como un catálogo de elementos y bienes si no como una experiencia visual en un viaje a lo largo de la historia.

El siguiente destino al que llegamos en nuestro 'viaje a la historia' se trataba de la puerta que daba acceso al mercado romano de Mileto:


Entre elemento singular y elemento singular había piezas de menor dimensiones e igualmente históricas que contribuían a enriquecer esa visita al pasado.

Por supuesto nuestro tercer destino en el viaje al Museo de Pérgamo no podía ser otro que el Altar de la acrópolis griega de Pérgamo, con más de 2.000 años de antigüedad. 


Se ha perdido gran parte pero tener la posibilidad de visitar estos conjuntos históricos tan diferentes entre sí en un mismo momento y lugar hacen que la visita a este museo merezca la pena.

Algunos pueden ver esto como algo negativo, como un expolio al patrimonio histórico de los diferentes países. Sin embargo soy de la opinión de que en ocasiones es necesario practicar este expolio si la alternativa es un abandono del patrimonio por parte de sus países de origen.

Nuestra segunda elección: el Neues Museum o Museo Nuevo, con un estilo museístico más convencional, es una visita recomendable si sois aficionados a la arquitectura aunque sólo sea para ver el impresionante hall que recuerda inevitablemente a la entrada a un templo egipcio: 


Este museo fue destruido durante la Segunda Guerra mundial y reconstruido bastantes años más tarde bajo la dirección del arquitecto británico David Chipperfield. Según he leído se respetó bastante el edificio original aunque con aportes del propio arquitecto, por lo que no se trata de una reconstrucción sin más.

Las diferentes estancias giraban en torno a la Prehistoria y la Historia Antigua centrándose especialmente en el antiguo Egipto. En estos espacios suelen destacar las que se suelen considerar como sus joyas de la corona. Son por un lado el busto de Nefertiti -pequeño y lleno de detalles y matices que lo convierten en una obra espectacular-; y por el otro un sombrero ceremonial de oro de más de 3.000 años de antigüedad que permitía predecir eclipses lunares:


El resto de museos en esta isla en medio del Spree son: el Museo Bode de arte bizantino, el Museo Antiguo el cual fue el primer museo público prusiano y la Antigua Galería Nacional cuya construcción ha sido fuertemente inspirada por el Partenón de Grecia.


No todo son museos en esta isla, también hay lugar para la historia pues en el momento en el que fuimos estaban reconstruyendo el antiguo palacio de los reyes de Prusia el cual fue dinamitado tras la Guerra y en su lugar se construyeron edificios soviéticos (resumiendo, más del mismo absurdo que en Potsdam).

Lo único que merece la pena además de la gran cantidad de espacios verdes es la Catedral de Berlín la cual, al igual que pasó con el Neues Museum, tampoco fue restaurada hasta finales del s.XX.


Y con este gran recinto cultural, la única forma que se me ocurre para describir a esta isla, terminó nuestro viaje por tierras germanas. Un viaje que una vez más lo considero como una visita por la historia viva del siglo XX. Os diría muchas cosas positivas sobre Berlín, sin embargo pronto visitaremos Munich... Creo que no hay mejor ejemplo para ilustrar lo que supuso este viaje para nosotros.


Darío Palacios

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