De qué hablo cuando hablo de fotografía

Algunos de los lectores más avispados habréis notado la referencia en el título a una de las obras de Haruki Murakami, escritor japonés autor de obras como "Tokyo Blues", "1Q84" o "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo".

Esta referencia no es caprichosa dado que "De qué hablo cuando hablo de correr" cuenta lo que representa para él, un escritor, su afición de correr. Lo acaba haciendo con tanta pasión que el lector no puede evitar que se le contagie en cierta manera su espíritu y acabe por liarse a correr tras leer ese ensayo autobiográfico. Otro tema es lo que dure ese fuego recién adquirido.

Tampoco busco provocar esto último, si no que simplemente pretendo dar voz en forma de palabras y letras en este blog al sentimiento que a uno le embarga cuando se esconde tras el cuerpo de una cámara dejando un objetivo como única vanguardia. 


Ese acto de, vamos a llamarlo cobardía, por el que el fotógrafo selecciona un plano utilizando el visor como único marco y, tras tomar una serie de decisiones, presionar el botón para que el obturador se accione capturando así ese instante.

¿Qué es la fotografía? Arte, dirán unos; una forma de expresión dirán otros, el retrato del mundo en el que vivimos te dirá un fotoperiodista; la mayoría hablará de una forma de atesorar momentos valiosos mientras que otros hablarán de ésta como el germen de su propia creatividad.

Volviendo a la cronología de la secuencia fotográfica de la que hablaba hace dos párrafos. La foto está hecha, y nos enfrentamos al visor con temor a la par que con ilusión al resultado de ese cúmulo de decisiones tomadas. ¿Será suficiente el resultado final? ¿Se ha captado lo que se buscaba o tal vez nuestros temores se verán confirmados? Todo forma parte de la construcción de la fotografía. Tras una foto que nos encante probablemente habrá una veintena rechazadas, las proporciones variarán cuanto mayor grado de exigencia le pongamos a la foto pudiéndose traducir en días en los que uno acaba levantándose sintiéndose Frank Capra y acaba volviendo a casa sintiéndose un idiota con una cámara desechable.

A mí, me gusta fotografiar en general, ya sean personas, momentos, animales, lugares, calles ajetreadas y desiertas. Sin embargo por la razón que sea, descuido muchas veces esta afición y acabo relegando casi siempre dicho papel al momento viajero, tal vez por ese estilo de vida tan ajetreado que todos inevitablemente acabamos firmando cuando entramos en el mundo laboral máxime si es en una ciudad que te impone ritmos tan vertiginosos como puede ser en mi caso Madrid.


¿Acaso este ritmo endiablado suprime el tiempo libre de uno? Ni mucho menos, siempre hay tiempo para todo. Por supuesto hay que saber administrarlo y usarlo, sin embargo no es falta de tiempo. Si no tal vez... De motivación.

Hablo de no ver algo que te llame y te apasione para enfrentarte al problema del encuadre, la composición y finalmente del postprocesado. Porque uno tiene que tener claro lo que quiere fotografiar. Y cuando entro en ese bucle antes descrito, siento a veces que veo menos, tal vez quiero ver menos porque necesito simplemente relajarme y ver el mundo con los ojos de quien lo ha visto todo y nada le sorprende, en lugar de con los del bebé para quién el mundo es nuevo, colorido y peligrosamente trepidante.

Lo contrario pasa cuando viajo: desconecto y hasta en el destino más cercano todo se antoja como nuevo. Ya sean las rocas, los atuendos, la cultura, la historia, incluso la tapa de las alcantarillas. Hasta la cosa más insignificante se antoja susceptible de ser estudiada y encuadrada. Claro otra cosa es el resultado final.


Además con la fotografía de viaje este momento del que os hablaba, ese instante que buscamos dilatar en el tiempo, es realmente un suspiro. Probablemente a ese lugar no vuelvas y si lo haces, no lo verás con la misma ilusión. Así que si las condiciones no son las mejores, hay que adaptarse porque aún siendo una mierda, son tus condiciones...

Recuerdo que alguien me dijo una vez lo siguiente: "cuando viajas no necesitas hacer fotos de monumentos, pasajes, etc. tan solo retratos y selfies, porque vivimos en la era de Internet y seguramente alguien habrá hecho esa misma foto que haces, mucho mejor" y sí. Tiene toda la razón en esto último. Pero esa foto ideal fue algo que esa persona vio y que nunca coincide con lo que estoy viendo.


Porque la fotografía va de eternizar, no un momento de viaje, si no ese momento íntimo y personal.

Íntimo porque sólo tú sabes lo que estás sintiendo, y personal porque eres tú quién se está enfrentando al problema de eternizarlo... Por ejemplo, sin trípode. Manías que tiene uno de no llevarlo.

Y esto, amigos míos, es por lo que me gusta la fotografía...

Darío Palacios

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