Día 4: Las Grutas de Yungang

Este viaje para nosotros supuso la novedad de ser el primero en el que hicimos vuelos locales fuera de nuestro país de origen. Fue precisamente en este día, en el que amanecimos antes de que el sol lo hiciese, y mochilas al hombro pedimos un taxi que nos dejó en el aeropuerto con la ayuda de quién regentaba nuestro hostel (113 CNY).

Los aeropuertos de China si los comparamos con los de otros países, y especialmente con otras terminales de otros medios de transporte, están literalmente vacíos. No lo digo por lo temprano de las horas en las que nos movimos este día en concreto, sino porque nunca experimentamos colas en los vuelos locales ni vimos muchos chinos en los aeropuertos. Esto es un fiel ejemplo de los grandes contrastes que existen en este país en el que la clase media es prácticamente inexistente.

Nuestro siguiente destino era Datong, sin embargo no teníamos especial interés por la ciudad, si no por dos de sus grandes atractivos situados fuera de la misma: “las Grutas de Yungang” y el “Templo Colgante”.

Ya durante la planificación de este viaje tuvimos nuestra primera mala noticia: debíamos descartar uno de los dos puntos de interés. Y es que nuestro plan original consistía en pactar un vehículo para que nos llevase a ambos puntos y volver a eso de las 19h para coger el tren nocturno que nos llevaría a nuestro siguiente destino. Sin embargo no pudimos adquirir billetes de este tren debido a que a la semana de salir a la venta todas las camas duras y blandas estaban agotadas.

Tocaba hacer de tripas corazón y quedarnos con las grutas: 


Tanto si vais a una cosa como a las dos la forma más cómoda y sencilla consiste en pactar un vehículo. Si lo preferís a Yungang existe la opción del transporte público pero contad con que los tiempos se dilatarán y podría no conveniros...

En nuestro caso recurrimos a regatear un vehículo sin tener referente, únicamente conocíamos lo que solían pactar otros viajeros por los dos destinos antes mencionados, así que tocó sacar móvil y calculadora para la negociación. Dábamos por hecho que no íbamos a ganar, así que buscábamos perder lo menos posible... Unos minutos más tarde, mientras nos llevaban a nuestro siguiente destino al parar en un semáforo nuestro querido conductor bajó la ventanilla exhibiéndonos cuales monos de feria comentando la jugada.

Fue en ese momento que supimos que claramente habíamos salido perdiendo.


Pero bueno salvo el pique personal no había que darle más importancia de la que tenía pues ya se encargaría el ticket del lugar de darnos una buena sablada que nos haría olvidar la anterior (125 CNY/persona).

Las Grutas de Yungang son un conjunto de cuevas y hornacinas budistas con miles de estatuas de piedra, la mayoría dedicadas a su figura principal en todas sus variantes: Buda. Así que os imagináis que esto era un lugar de culto y como tal fue un templo que parecía flotar sobre el lago lo que nos dio la bienvenida.

Como curiosidad siempre llevo el parasol a cuestas para evitar que pase lo que pasó en esta foto sin embargo lo perdí y no pude llevarle a este viaje así que algunas fotos como esta se encargan de recordarme mis pecados.



La cosa al empezar la visita era bastante normalilla, nos metimos en el interior de una de las oquedades que se encontraban en la roca y acabamos en una galería, sin embargo no había nada especial... El mogollón estaba al otro lado así que allí nos dirigimos y... tachán. La cosa cambió y mucho:


Cada una de estas grutas o cuevas cuenta con una estatua principal de Buda en todas sus versiones siendo la mayor de 16,8 metros de altura y la menor de 13,5 metros así que ya os podéis imaginar que indiferente no dejaba a nadie.

Sin embargo a la larga acababa impresionando más la cantidad de detalle que se podía alcanzar sin dejar ni un solo rincón sin esculpir que estas grandes construcciones. 




El que era en mi opinión el mejor interior y uno de los mejores conservados se encontraba oculto tras un edificio anexo a la propia roca, el cual hacía de vestíbulo de entrada a las profundidades de la tierra, en cuyo interior llegaban a mostrarse figuras que no habían perdido ni un ápice de los pigmentos que las revestían. Prohibían fotografiar su interior así que tendréis que descubrirlas por vuestra cuenta...

Uno que es arquitecto también se dejaba llevar por la maravillosa relación entre edificio y naturaleza que se producía aquí, algo que muchos visionarios hoy día parecen estar desvelando sin embargo aquí lo tenemos desde el siglo V.



Estas grutas constituyen el mayor grupo de cuevas y el mejor conservado de China, máxime si se tiene en cuenta que su antigüedad, como ya se ha dicho, data del siglo V. Razones suficientes para ser declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Su visita da para una horita y media tranquilamente, del museo pasamos la verdad porque tampoco nos llamaba especialmente cuando todo lo que queríamos ver ya estaba visto. Por cierto os recomiendo visitarlo a primera hora aunque había bastantes grupillos, nada que ver con los que empezaban a aparecer cuando salíamos.

Por cierto, os presento a mi primo ZUMOSOL:


La foto pedía decir la chorrada xD. No me lo tengáis demasiado en cuenta.




Llegamos a la hora de comer y dado que todavía nos quedaba un ratín hasta la hora de salida del tren que nos llevaría a Pingyao, decidimos visitar Datong.

Y es que sus murallas tienen una particularidad: los mandamases del partido comunista en Datong en algún momento decidieron tirarlas por la razón que fuese, tal vez para construir en su lugar, porque era algo viejo, tal vez porque representaban al emperador derrocado. Sin embargo con el tiempo China empezó a convertirse en un destino turístico y los chinos descubieron algo muy cachondo. Y es que a los turistas les pirraban las cosas viejas y antiguas. ¿Raro no? Así que reconstruyeron la muralla así como un par de templetes para tener cierto atractivo turístico.

Con esta premisa me espantaba su visita sin embargo era algo en lo que invertir las casi 3 horitas de espera que teníamos por delante.

No tardamos en confirmar que el día lo teníamos gafado porque las consignas que presuntamente existían en la estación de tren habían desaparecido, de hecho preguntamos a varias personas dónde estaban y siempre nos remitían a un lugar que al descubrir que estaba cerrado se sorprendían... Así que poco había que hacer. 


Una opción era visitarlas con las mochilas a cuestas sin embargo a 35 ºC y con un porrón de humedad nos daba mucha pereza así que lo descartamos y fuimos a comer a un sitio cerca de la estación. 

Era el típico sitio donde iba la gente a comer algo rápido antes de seguir trabajando y era muy barato. el plato que veis ahí que a duras penas lo terminé venía con una sopa y ese par de, creo que eran baos, 28 CNY. 

Lo siguiente era conseguir avituallamiento en el supermercado chino, que poco se diferencia de los de nuestros barrios, en donde nos agenciamos agua, la tipica sopa de fideos para hacer con agua caliente y algo de dulce por 27 CNY. Comparadlo con la comida.


Finalmente llegamos al tren. Lo que pasó en este vagón da para otra entrada sin embargo lo que sí os contaré es que el viaje a Pingyao fue eterno. Nunca creí que un viaje de 7 horas y media fuese así... Sin embargo es una experiencia que hay que vivir.

Darío Palacios

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