Día 6: Los guerreros de terracota de Xi'an

Como ya os contamos en la entrada anterior, este día iríamos a Xi'an. Un lugar al que, desde que tengo recuerdo y conocimiento de su existencia, tenía ganas de visitar.

No por lo que pudiera haber en la propia ciudad, de hecho hasta la organización de este viaje desconocía lo que podría encontrar; si no por contar con el ejército más longevo de la historia al que esta ciudad da nombre: el ejército de los Guerreros de Terracota de Xi’an.


Todo comenzó con un buen desayuno, tal y como nos tenían acostumbrados en Pingyao, una vez pagado todo, nos encaminamos con el transporte apalabrado (30 CNY) rumbo a la estación de tren de alta velocidad. Allí tuvimos la oportunidad de comparar el gran abismo que existía entre los dos medios de transporte sobre vías que habíamos empleado hasta el momento.

Comodidad y lujo se daban de la mano a 242 kilómetros por hora en un tren que recordaba inevitablemente a nuestra Alta Velocidad o a los Shinkansen japoneses. Afortunadamente a partir de aquel día fueron todos en esa línea.




Una vez nos plantamos en nuestro destino, una jungla de hormigón y acero nos dio la bienvenida. Bueno puede que me haya pasado a la hora de expresar cierto dramatismo pero la verdad es que habíamos buscando un plano del transporte público en esta ciudad y cuadramos cómo ir tanto a la estación de autobús como a nuestro hotel. Sin embargo este plano no es que no estuviera actualizado, si no que era una previsión futura del transporte público. 

Para cuando fuimos sólo contábamos con tres líneas, así que nos tocó improvisar y salir por la parada que aparentemente estaba más cerca de nuestro primer destino, la estación central de autobuses. Como inciso indicaros que escogimos este orden porque el primer día sólo contaríamos con la mitad del día, así que otra forma de organización hubiera sido más complicada y menos productiva. Había que evitar replicar el error que cometimos con la Ciudad Prohibida.

Cerca en China, es media hora corriendo. Así que mochilas a la espalda y a correr como si tuviéramos que llegar antes que otros concursantes a dondequiera que estuviera la presentadora de Pekin Express, mapa-móvil en mano y a alternar carreras y caminatas en las que la mochila nos seguía con el mismo ritmo en sus balanceos.

Finalmente logramos llegar a la estación en la que por la razón que fuese había un control férreo: laberintos para acceder a su interior y guardias armados no con pistolas de agua precisamente. Allí localizamos las consignas donde finalmente nos desprendimos del lastre (40 CNY) y empezamos a buscar la parada que nos tenía que llevar a visitar el mausoleo donde descansaba eternamente el ejército de Terracota.

Comentaros que su nombre engaña así que el único ejército con ese nombre en la ciudad, lo vais a encontrar en forma de souvenirs de todos los tamaños posibles. Para ver el ejército milenario hay varias formas de llegar en autobús: la oficial (bus 306) y la 'privada'. Los primeros no harán ningún esfuerzo porque vayas, no sé la razón. Mientras que los segundos te dirán que los otros van a la tumba del emperador, que da más rodeo, etc. Es mentira, simplemente cuentan con un autobús más viejo, y un precio más económico (7 CNY/pax). Salen cada media hora y hacen las mismas paradas. Toméis la que toméis llegaréis, después de una media horita, al parking desde donde tendréis que caminar unos 10 minutos hasta que finalmente encontréis la entrada (150 CNY).

Finalmente podría ser testigo de aquella extraña fascinación que hace yo que sé cuántos años, se despertó en mí. Sin embargo con la intención de que cundiese la visita seguimos el consejo de otros viajeros y de la propia guía: la visita debe hacerse en orden alterno al propuesto. De esta forma iremos de menos a más dejando la gran nave cuya foto en algún momento habremos visto, para el final. Una especie de preliminares que precedían al gran acto.

Tras un paso fugaz por el pequeño centro de visitantes del que tuvimos que huir por su masificación combinada con los flashes que se proyectaban sin parar, empezamos por la nave/foso número 3.


Era la de dimensiones más reducidas y desde un perímetro continuo de barandillas nos asomábamos a una sima de excavación en la cual se encontraban de igual manera repartidos, restos destruidos del ejército con figuras aparentemente intactas que son, muchas de ellas, en realidad el resultado de una laboriosa reconstrucción.

Entonces es cuando te empiezas a dar cuenta de que al descubrir el mausoleo, probablemente se encontraran la gran mayoría de las figuras en estado precario, no tanto intactas como idílicamente se nos mostraba en aquel momento.


La segunda nave era ya de grandes dimensiones y según las guías bastante poblada de representantes de aquél ejército de ultratumba que antaño sirvió al primer Emperador de China. Olvidado por la historia por ser un tirano, rescatado convenientemente por el gobierno actual como ejemplo de la figura de un buen gobernante.

               

Una vez contada la ironía os confirmo que lo más interesante de aquella nave eran los 4 representantes del ejército que se encontraban confinados tras una vitrina, iban desde arqueros a los que la humedad desposeyó de su arma, hasta unidades de caballería. La única forma que podíamos tener para aproximarnos a aquellos representantes escogidos y verlos de cerca, cara a cara.

Y en el resto de la nave no había nada, nada intacto al menos. Me imagino que les pillamos de turismo en una de aquellas innumerables exposiciones temporales que se exhiben de cuando en cuando. De hecho en Madrid estuvieron en el Teatro Fernando Fernán Gómez



Parece que había también algunos tramos que se encontraban de excavación en aquel momento, así que con el paso de las décadas este yacimiento irá creciendo, pues se cree que la mayoría está aún oculto y esperando a ser descubierto.

Lo que habíamos visto sabía a poco, así que no tardamos en llegar a la principal atracción del lugar, el primer foso:






Las imágenes del mausoleo de Qin Shi Huang, quién reunificó los diferentes reinos y los sometió bajo su mandato, hablan por sí solas así que no os contaré nada que no sepáis. Ver todo el despliegue que supone un ejército moldeado con arcilla es impresionante como ya imaginaréis, sin embargo a mí personalmente me decepcionó.



Una de las razones por las que me decepcionó no era otra que su espectacularidad, esperaba más. Y me refiero a más de cantidad, igual no soy bueno cubicando ejércitos pero no me dio la sensación de ser lo numeroso que se prodiga, se hablan de cifras que superan claramente los 5000 soldados y ahí pues estimaba yo unos 400. Tal vez porque esperaba una nave hasta los topes, y si os fijáis en la primera foto veréis que la formación sólo ocupaba un 30% a lo sumo. ¿Y el espacio restante?

Pues la mitad estaba vacío y la parte del fondo un taller para aficionados a los puzles de chorrocientas mil piezas en el que con mimo van consiguiendo refuerzos para que el ejército vaya engrosando sus filas.


Aunque es algo lógico y que cabía de esperar os paso una foto de cómo se ve desde la perspectiva del visitante. Verlo desde posiciones tan alejadas le quita bastante encanto.

   
Una vez fuera inevitablemente nos dejamos llevar por un recorrido repleto de tiendas ávidas de turistas, únicamente le dimos la oportunidad a un trío de brochetas (10 CNY) porque estábamos caninos.

Una vez visitado todo, al día no había mucho rendimiento que sacarle, así que volvimos a recuperar el equipaje en las consignas para volver a desembarazarnos de los mismos en el Xian Tooyo Hotel. Sólo restaba antes de dormir un paseo por los alrededores de la zona donde picoteamos una especie de kebap chino (8 CNY) y para cenar una pizza (29 CNY). 

                  

¿Y cómo son las pizzas en China? Como muchos de sus productos, por fuera idénticas y con muy buena pinta, al probarlas... Los sabores eran como mínimo extraños. Es lo que tiene el cambio de especias de un continente a otro.