Día 8: El Espinazo del Dragón

Habíamos mirado el parte meteorológico el día anterior y parecía que tocaba día pasado por agua, algo que empañaría nuestros planes de visitar los bancales de arroz del Espinazo del Dragón.


Este día era uno de los más esperados cuando nos encontrábamos en el proceso de planificación de nuestro viaje. De hecho renunciamos a visitar la pareja de pandas con los que contaba Guilin, donde nos alojábamos, para en su lugar dedicar un día entero a este lugar en el que la mano del hombre y la naturaleza se funden mostrando unas imágenes que a ojos del occidental parecen dotadas de cierto realismo mágico.

Se puede subir en uno de los numerosos vehículos privados de excursiones organizadas que suben desde Guilin o en autobús, que es la opción que escogimos. Este subiría hasta Longsheng desde donde debíamos tomar otro autobús que nos llevara a Ping'an, uno de los pueblos más consolidados y turísticos de la zona. Próximos a éste hay varios pueblecitos que se han hecho famosos por ser el lugar de residencia de las mujeres Yao, famosas por su larga cabellera que no se cortan a lo largo de su vida.

Éste sin embargo no era nuestro punto de interés, queríamos hacer una ruta de Trekking que nos llevaría a Dazhai donde haríamos noche y desde donde tendríamos la oportunidad de disfrutar de un atardecer y un amanecer de excepción. 



Como habéis visto, nuestros planes eran ambiciosos y por ello no íbamos a dejar que varias gotas los cancelasen. Comenzamos el día en la estación de autobús de Guilin que se encontraba próxima a donde nos alojábamos. Y tomamos el autobús que nos llevaría a Longsheng

Hasta entonces con el Google Translate, paciencia y sonrisas habíamos logrado comunicarnos sin problema. De otra pasta parecían en esta estación que no querían darnos el billete que pedíamos y nos mandaban a un puesto de información turística, hubo que hacerles caso y hacer el paripé para que nos dieran el billete, y encima con el destino mal. Afortunadamente nos dimos cuenta justo antes de montarnos en el autobús y muy amablemente la revisora nos acompañó a solucionar el malentendido. El día no empezaba bien, más aquello no mellaba en el ánimo.

Tras un recorrido en el que en su inicio percibimos un adelanto de la geografía y paisajes que nos esperarían al día siguiente en Yangshuo los ánimos no hacían si no subir, a pesar de tener el día pasado por agua. No lo veríamos en todo su esplendor pero su atractivo aún así era innegable. Este paisaje no tardó en verse reemplazado por uno más convencional al que ya estábamos acostumbrados por lo que el viaje empezó a hacerse largo.  

Al llegar a Longsheng -donde teníamos que comprar los billetes para entrar en la zona de los arrozales- no nos dejaron bajar. "Vamos a preguntar, esperad aquí" parecía estar diciendo el conductor en su idioma milenario. Volvió y habló en chino, ni papa hasta que una chica hizo de alguna manera la labor de intérprete. Creímos entender que llovía demasiado así que podíamos ir pero que en algún momento, podríamos tener problemas para dar la vuelta, y con esto ¿que qué hacíamos? No sabían decir más así que desoyendo lo que nos decían preferimos hablar con taquillas. Sabrían explicarnos mejor la situación.

Saberlo no mejoraba el panorama. En efecto estaba lloviendo mucho hasta el punto que se habían producido deslizamientos de tierras, estimaban que sólo se podría subir durante unas 4 o 5 horas tras las que debíamos dar la vuelta antes de que la cosa fuese a peor. La noticia cayó como un jarro de agua fría, sin embargo como la esperanza es lo último que se pierde decidimos ceñirnos al plan original con un cambio: subir a Ping'an y juzgar la situación para ver si dábamos inicio a nuesto trail hasta Dazhai (donde nos alojaríamos) o si nos limitábamos a -como recomendaban- ver los miradores más próximos y dar la vuelta. Una decisión que sería dura.


Al subir vimos el punto crítico que estaba provocando aquel revuelo, se había cortado uno de los carriles y los autobuses tenían que turnarse para pasar por el único punto disponible mientras operarios se encargaban de repartir los turnos.

El autobús siguió en su ascenso y a lo largo del recorrido advertimos como salvando aquel punto todo lo demás estaba intacto, como si no hubiera pasado nada. Por el camino vimos algunos de los pueblos de la etnia Yao fácilmente reconocibles por sus habitantes con sus melenas recogidas de formas tan características.



Aunque no había arrozales allá donde nos dejó el autobús, en el parking situado a las afueras de Ping'an, ya el entorno se adivinaba como un lugar de excepción, y por supuesto, alejado del bullicio al que habíamos estado acostumbrados hasta entonces.

Entramos en el pueblo donde construcciones más próximas a lo efímero, alejadas de la ambición y el lujo se iban sucediendo a ambos lados de nuestro camino. Sin embargo aunque interesante no era para lo que habíamos venido así que seguimos caminando sin dejar de admirar lo que se nos mostraba en el camino.



De repente el camino se interrumpió y se produjo un desnivel. Todas las construcciones desaparecieron y en su lugar nos dieron la bienvenida los primeros bancales de arroz que vimos en aquel lugar. Ignorantes como somos, todo nos asombraba y aquella construcción que parecía estar desafiando la gravedad acabó por extasiarnos. Sin embargo sólo era el preludio de lo que se avecinaba...




Y es que desde arriba la cosa cambiaba. El primer mirador de nuestra ruta era el bautizado como "Seven stars around the Moon" y era IM-PRE-SIO-NAN-TE (la mejor foto que tengo es la primera de esta entrada). No hay palabras para describirlo así que sólo puedo mostraros las imágenes que capturamos buscando inmortalizar los sentimientos que nos transmitían las curvas sinuosas que se iban replicando a lo largo de toda la orografía.



No había tiempo que perder, la lluvia no daba tregua así que con los ponchos que nos agenciamos en Guilin empezamos a recorrer los senderos hacia nuestro siguiente punto de interés: "Nine Dragons and Five Tigers".

El camino afortunadamente era empedrado por lo que no había riesgo de encharcamiento, sin embargo la lluvia estaba formando ríos que bajaban torrencialmente cubriendo parcialmente el camino en algunos puntos. Seguimos convencidos de que, aunque no pudiéramos llegar a Dazhai, al menos nos aseguraríamos de ver el segundo mirador.



Por el camino los bancales se seguían sucediendo y aunque no fuesen puntos de interés marcados en el mapa, para nosotros era hipnótico ver cómo el sistema de drenaje evitaba que el excedente de agua fruto de la lluvia provocase que aquel sistema de cultivo se viniese abajo.  

En Shirakawa-go habíamos visto arrozales sin embargo se encontraban en una fase bastante previa y no tenía esa magia que teníamos aquí. Y es que el cielo, aunque gris, se reflejaba en la tierra.




A partir de aquí todo empezó a ir de mal en peor, la primera mala noticia fue ver cómo el sendero por el que íbamos de golpe se encontraba cubierto por unos rápidos bastante simpáticos. Estaba el riesgo de resbalarse y el riesgo de conseguir sortear aquel obstáculo para encontrarnos otro mayor más adelante. 

Comprobamos en el mapa que había un plan B así que dimos la vuelta para dando un rodeo, conseguir llegar al segundo mirador. Queríamos ver qué había tras aquel bautismo de un nombre tan poético como "Nueve Dragones y Cinco Tigres". Sin embargo nos volvimos a encontrar otro río en medio del camino, esta vez unas escaleras.


Ambicionábamos pasar el día rodeados de los arrozales, sin embargo nos tuvimos que conformar con quedarnos con la miel en los labios y percibir levemente su dulzor. Podía haber sido peor sin embargo teníamos presente el aviso que nos dieron al llegar a Longsheng así que tras volver a detenernos con los diferentes puntos que disfrutamos a lo largo de la ida y tomárnoslo con calma en el "Seven stars around the Moon" volvimos raudos al autobús antes de que pasasen aquellas misteriosas horas. Éramos como Cenicienta.




Y como Cenicienta, nuestro carruaje acabó por convertirse en una calabaza. Un atascazo importante nos encontramos a medio camino de vuelta. En un principio no le dimos más importancia pues supusimos que se estaba repartiendo el paso de vehículos entre los que subían y los que bajaban. Teoría que confirmamos cuando de vez en cuando veíamos vehículos que subían.

La cosa empezó a tomar un mal cariz cuando el conductor se bajó y se encaminó hacia adelante. Volvió al cabo de varios minutos y dio un discurso profundo y solemne que acabó provocando que los demás chinos del autobús se pusieran nerviosos y a debatir entre sí. 


El conductor se bajó y nosotros eramos como los dos niños tontos que están en una esquina esperando que se acordasen de ellos. Una pareja de chicas jóvenes bajaron también y entonces las pillaron por banda. La conversación debio ser del tipo:
  • Conductor: Oye, veis estos dos tolais que no se enteran de nada, decídselo que me parece que están alelaos y no saben lo que pasa.
  • Jóvenes: Y a nosotras qué nos cuentas, que de inglés nosotras ni papa.
  • C: Venga anda, no les veis si están ahí ausentes, dan pena y todo.
  • J: Bueno venga... Vale...
Total que nos explicaron que el famoso deslizamiento de tierras había acabado por cubrir los dos carriles, así que estaba la opción de esperar 4 o 5 horas a que lo resolviesen (qué afición tenían con que todo sucedía en ese lapso de tiempo), o dar un rodeo por los senderos situados al otro lado, que en poco tiempo llegaríamos.

No molaba nada lo de esperar sin hacer nada así que actuamos.


Subimos unos cuantos metros para cruzar el puente e ir por el sendero por el que iban algunos de los visitantes que no querían pasar por caja para pagar el autobús. Desde allí comprobamos que el río se estaba llenando peligrosamente. Aquel sendero era prometedor en un principio, sin embargo como pasó en nuestro camino hacia Dazhai no tardaron en aparecer nuevos afluentes que nacían dios sabe donde para acabar por desembocar al río que seguía creciendo inexorable. De hecho en algunos puntos el sendero que seguíamos se aproximaba tanto al río que por momentos parecía estar amenazándonos con devorarnos.

Las dos chicas de las que os hablé antes fueron encantadoras, tenían paraguas por lo que nos preguntaron si queríamos los sombreros cónicos de paja que llevaban. Los llevamos durante un rato hasta que parecía que el paraguas daba más problemas de los que solucionaba, entonces insistimos en devolvérselo.


Después de recorrer varios caminos intrincados, algunos de ellos discurrían entre bacales de arroz pero no estaba el momento para disfrutar de aquello; finalmente llegamos a nuestro destino. Y este no era otra cosa que llegar al otro lado de donde se produjo el talud. Aún quedaba terminar de bajar hasta Longsheng.

Ahí nuestra pareja de chinas favorita nos avisó y dijeron entre gestos, inglés y el traductor de rigor; que apalabrarían un vehículo con alguien que trabajaba por allí para que nos acercara hasta la estación. Ok dijimos, al final cabo siendo locales conseguirían el vehículo por buen precio, entre 4 saldría la cosa barata y para terminar debíamos salir de allí. 

Al llegar pagaron con el móvil e insistieron en que no pagásemos nuestra parte. Eran la amabilidad en persona. Ya había pasado lo peor y sólo quedaba bajar en autobús de vuelta a Guilin donde debíamos buscar alojamiento. Iríamos a tiro fijo: donde nos alojamos la noche anterior confiando en que hubiera disponibilidad.

A modo de anécdota, contar que cuando fui a comprar los billetes de vuelta a Guilin parece ser que se había estropeado la impresora así que me garabatearon una nota a modo de ticket.


Afortunadamente había disponibilidad en el Hostel y concretamente en la misma habitación donde dormimos la noche anterior. Sólo quedaba relajarse y empezar a evaluar daños para los próximos días en Yangshuo (no se encontraba muy lejos de Guilin así que el temporal que teníamos en aquel momento probablemente se estaría replicando allí). Miramos el tiempo y daban lluvia para la siguiente semana, mal asunto...

Tal y como estaba el percal debíamos hacernos a la idea de que no podríamos hacer muchos de los planes previstos. Con ello en mente decidimos que iríamos improvisando sobre la marcha y barajando alternativas. 


¿Y cómo se dio? En la siguiente entrada lo descubriréis.