Prerrománico asturiano en el Monte Naranco

Hace un par de fines de semana volví a subir a Asturias y aproveché para seguir descubriendo nuevos rincones que no conocía de este paraíso natural. Esta vez con móvil en mano me acerqué a dos tesoros prerrománicos que tenemos en la ladera del Monte Naranco.


Os hablo de Santa María del Naranco, un antiguo palacete que se cree que originariamente servía como sala del trono aunque con el tiempo acabó convirtiéndose en inglesia; y San Miguel de Lillo. Ambas pertenecían a un conjunto que fue mandado construir por el rey Ramiro I de Asturias.


Ambas iglesias se pueden visitar por 3€, un precio bastante interesante con el que se incluye la visita guiada a ambos edificios. No se puede entrar de otra forma.

  
La primera construcción, además de contar con una techumbre abovedada de piedra (entonces todas solían ser de madera), tiene dos plantas destinándose la inferior a sala de reuniones. En uno de sus extremos además, hay un antiguo aljibe. 

Sin embargo lo más espectacular se adivina ya desde el exterior, sus dos balcones, aunque originariamente se creía que eran tres los balcones. En internet veréis muchas imágenes preciosas de los balcones los cuales ganan por estar en el entorno en el que se sitúan. Con el móvil no pude sacar imágenes con un encuadre más ancho así que reconozco que me quedé con las ganas de probar.

La iglesia de San Miguel de Lillo en su momento supuso todo un desafío constructivo, contaba también con techumbre de piedra, sin embargo al estar apoyado en un terreno poco firme y próximo a un arroyo no ha llegado hasta nuestros días con su estado original. Únicamente queda la tercera parte de la iglesia a la que se anexó un nuevo altar mucho más modesto que el original.

 
Si os fijáis en al foto veréis que las piedras situadas a la derecha están cinceladas sin ton ni son y sin respetar un dibujo a diferencia del resto del edificio o la vecina Santa María del Naranco, esto delata que son fruto del expolio y el aprovechamiento de los restos de otros edificios. Sea por su aspecto más coqueto o por sus dos balcones me gustó mucho más la primera construcción.

Y si además el tiempo acompaña, podemos ver en la lejanía no sólo la ciudad de Oviedo si no también las diferentes cordilleras que rodean este entorno maravilloso en el que el verde de sus "praus" y las cumbres nevadas se fusionan en una postal idílica.


Si andáis con suficiente tiempo también podéis aprovechar para subir a lo alto y visitar el monumento al Sagrado Corazón de Jesús. Una escultura de 30 metros que recuerda inevitablemente al Cristo Redentor de Río de Janeiro. 

Salvo la anécdota no tiene mucho más interés salvo el de poder disfrutar de otras vistas aún más privilegiadas pudiéndose ver desde el mismo punto Gijón, Candás y Luanco en el borde de la playa; y al otro lado, Oviedo.


Este año el tiempo ha sido extraño y el frío ha llegado tarde, así que la temporada de ciertos platos ha estado muy alterada. El mejor remate a un día como este puede ser pedirse un par de docenas de "oricios", un manjar del norte que no tendremos a nuestra disposición a lo largo de todo el año.