Día 12: Tongli

En la entrada anterior, os contábamos que había numerosos pueblos situados a las afueras de Shanghai que contaban con el honor de tener el apelativo de "la Venecia China". Algunos más turísticos y con mayor afluencia de visitantes como pueden ser Suzhou o Zhouzhuang, y otros algo menos masificados.

Como teníamos el interés de ver uno de cada tipo, por aquello de comparar lo bonito y turístico con aquello tal vez menos limpio y arreglado, pero más auténtico; este día nos dirigimos a uno de los que contaba con menos visitantes: Tongli.


A esta localidad, situada a una media hora de Suzhou y a un par de horitas de Shanghai, llegamos en autobús (36 CNY). Aquí tampoco fue necesario comprar los billetes con antelación.

Nada más bajar llegamos a lo que se antojaba como un lugar más bien feo. No tardamos en descubrir que estábamos algo alejados del centro, así que tocaba patear hasta que empezamos a ver los primeros canales, con construcciones encaladas en su ribera de un aspecto que empezaba a distanciarse con las que tuvimos en Suzhou, en general más limpias.

Un aire decadente que empezaba a sumar atractivos a este lugar respecto del que habíamos conocido en el día anterior. 


Sin embargo la mayor diferencia que pudimos comprobar al inicio consistía en que cobraban entrada (88 CNY) para acceder al centro histórico en el que se concentraban la mayor parte de los canales. Tal vez a alguno esto le parezca de mal gusto, pero merece la pena, además esta entrada también incluía la visita de aquellos puntos de interés que se encontraban en su interior. Sin embargo hablaremos de ellos más adelante.

               



La diferencia en cuanto a nivel de afluencia de público en comparación con su vecina más visitada era bastante notable. No obstante no era en absoluto un lugar 'muerto', si no que tenía su público, como se podría comprobar por las terracitas que se disponían en torno a los canales más bonitos.

También eran habituales los puestos de caracterización, que también habíamos visto en Suzhou. Y es que por un módico precio te daban la oportunidad de vestirte con ropajes de estilo imperial y hacerte fotos en la ribera del río.




El circuito más turísitco y comercial era bastante atractivo pues a la compañía de los restaurantes y fotógrafos de disfraces se le unían los "gondoleros made in China" que suponía un espectáculo curioso el ser testigos de cómo se afanaban por aproximar su embarcación a puerto a la espera del siguiente pasajero.

Y si nos alejábamos de éste recorrido, llegábamos a calles más anónimas en las que se se amontonaban los escombros y desperdicios, y no muy lejos de allí la colada descansaba tendida a la vista de todos, sin ningún tipo de pudor... Cuando llevaba unos minutos intentando retener todo en mi retina, aparecía un alma solitaria para limpiar la ropa o los pucheros del último plato de arroz del que habían dado cuenta.



Escogimos una de las numerosas terrazas como lugar para descansar y comer. En aquel lugar de nombre desconocido nos decantamos por un plato de verduras y otro de pescado. No me preguntéis qué era cada cosa pues no lo recuerdo, sé que buscamos dar un cambio respecto a lo que habíamos comido hasta el momento, y si bien se dejaban comer, no nos gustó demasiado aquel menú que con un par de cervezas nos costó 122 CNY.


Enseguida uno se hace a la idea de lo que los alrededores de los canales tienen para mostrarnos y ya sólo quedaba hacer la turistada de rigor: paseillo en barcaza (90 CNY, en temporada baja debe costar la mitad aproximadamente). Dura unos 30-40 minutos que es el tiempo que tardan en hacer el recorrido circular por los canales más importantes. Todos funcionan así, así que no hay otra opción para hacer lo mismo; no obstante ese tiempo ya os adelanto que se nos pasó en un suspiro.



Además de por ser embarcaciones más pequeñas y con más encanto que contrastaba con el ronroneo que emitían las grandes embarcaciones de Suzhou, preferimos hacer en este lugar el paseo por los canales por su innegable encanto que transmite bastante paz. 

Simplemente fue un momento para la relajarnos y vivir la experiencia.





Una vez nos hubimos despedido de nuestro barquero ya tocaba empezar a visitar algunos de los sitios cuyo acceso nos venía incluido en el precio de la entrada que habíamos pagado para acceder a este lugar.

El primero que visitamos fue Gengle Hall, un conjunto residencial de la dinastía Ming en el que destacaban las numerosas trampas para espíritus en las galerías, corredores y porches que cruzaban el jardín. Éste último aunque bonito, todos lo eran de hecho; no dejaba de ser un jardín más en China, y es que de este viaje me fui con la sensación de que todos estaban cortados por patrones similares.



También nos acercamos a la Pagoda de la Perla, la cual no debía estar a la altura del nombre que tenía pues no la hicimos fotos, lo más atractivo era el conjunto residencial que inevitablemente recordaba al de Gengle Hall y su jardín.




Había muchos más espacios como el el Jardín Tuisiyuan, también conocido como Jardín del Retiro y de la Reflexión, al que apenas dedicamos tiempo. Y es que aunque bonitos, comparando su visita con la experiencia de recorrer los canales que atravesaban Tongli, y la posibilidad de descubrir un rincón más o una postal propia de National Geographic... No había color. 



Sólo me queda terminar la entrada recordando la anécdota de cómo a la vuelta nos tocó esperar bastante porque el autobús se retrasó. Éramos casi los únicos de la estación y era algo que nos ponía nerviosos porque la de las taquillas se limitaba a señalar la sala de espera. Allí también se encontraba un asiático que resultó ser chino más nervioso que nosotros que se dedicaba a hacer aspavientos.

Al final el autobús llegó y aquello sirvió para intercambiar algunas palabras con nuestro vecino de viaje comentando la anécdota... Al descubrir que éramos españoles se mostró muy efusivo y nos dijo que tenía ganas de visitar España y ver una corrida de toros... Espero que vaya por eso y se enamore por otras muchas cosas que tenemos por ofrecer al igual que fui por la muralla china y me enamoré de los arrozales...