Día 13: El casco antiguo de Shanghai

Esta imagen que veis es casi lo primero en lo que uno piensa cuando le hablan de Shanghai, al menos yo. Esa ciudad repleta de protectorados estadounidenses, ingleses y franceses que buscaban hacer negocios intercambiando productos exóticos por opio. El único producto que podían ofrecer a los chinos y que resultase de interés.


Como vimos en la entrada en la que hablamos del Shanghai más contemporáneo, nada queda de ello salvo algunos rincones que hablan no sin cierta nostalgia de tiempos menos cosmopolitas y globalizados. Sitios como los Jardines Yuyuan (30 CNY) en el casco antiguo de Shanghai.



La historia de estos jardines es bastante interesante pues fue mandado construir durante la dinastía Ming por un funcionario de la familia Pan que decidió constuirlo a imagen y semejanza de los jardines imperiales. Os preguntaréis por qué ese acto de ¿soberbia? No, en realidad fue de amor pues sus padres no podían trasladarse a la capital debido a su avanzada edad y así podían ver cuál era el aspecto de dichos jardines. Por ello le dio ese nombre (Yu significa salud y tranquilidad).

A su muerte su familia cayó en bancarrota y el jardín cayó en desgracia, en parte por los bombardeos durante la guerra del Opio y más tarde por represalias de los franceses. A principios del siglo XX éstos fueron restaurados y parte de los mismos convertidos en Bazar. En 1982 fue declarado monumento nacional.



Los jardines, seguían la estética y los cánones que habíamos visto hasta el momento pero en este caso había una mayor densidad de elementos en menos espacio lo que le dotaba de bastante majestuosidad lo que nos hace preguntarnos cómo serían los jardines originales.

Al final se trataba de un conjunto de pabellones comunicados entre sí por pasarelas zigzagueantes y puertas redondas que tantas veces hemos visto en nuestro viaje, y por el camino veíamos constantemente estanques y especies vegetales que salpicaban el paisaje dándoles una belleza más propia del feng shui y que no vemos en un jardín occidental.

En definitiva unos jardines que merece la pena visitar. Eso sí, que sepáis que aún sin ser fin de semana, en pleno verano estaban de lo más transitados.




Os comentamos antes que parte de los jardines se reconvirtieron en un Bazar, de ahí que se los llame Jardines y Bazar Yuyuán. La verdad es que para acceder a este pequeño retiro de la gran ciudad de  Shanghai del que os he hablado hay que pasar inevitablemente por el bullicio y el ajetreo de los bazares.

Alguno puede que quiera huir como de la peste de aquel lugar el cual creo personalmente que tenían mucho encanto, sin embargo eran las hordas de turistas así como la sucesión de productos prefabricados dispuestos a lo largo de sus calles los que le restaban enteros al lugar.



En el centro de las calles del bazar y próximo a la entrada de los Jardines Yuyuan, se abría una especie de plazoleta en medio de la cual destacaba un estanque con carpas (en la foto de arriba veis el estanque) y sobre éste la Casa de Té Huxinting. Era el espacio más bonito fuera del jardin.

La curiosidad quiso que visitásemos la casa de té, sin embargo el interior era decepcionante pues no dejaba de ser una especie de tienda con diferentes tés de todo el mundo. Y como colofón para los visitantes, una especie de representación teatral (a falta de un nombre mejor) sobre cómo un hombre preparaba las hojas del té a mano. Al otro lado de dicha pantomima se encontraba la caja donde te cobraban y preparaban las hierbas que quisieras.



Anexo a este complejo de jardines y bazares, se encontraba el templo taoísta de las deidades de la ciudad. La verdad es que se llamaba Templo del Dios de la Ciudad (10 CNY), sin embargo en el interior había multitud de ídolos, cada uno de una temática así que en este curioso lugar siempre encontrarás una respuesta a tus problemas xD.

El recinto lo formaba la gran plazoleta que veis en las fotos, que se encontraba flanqueada a su vez por edificios en los laterales. Cada uno con tres o cuatro de ídolos. Mientras que en el templo principal, es el que se ve al fondo, en la segunda foto; había múltiples dioses que flanqueaban el pasillo hasta nuestro encuentro con el más importante de todos que daba nombre al templo. Un dios, para cada necesidad del hombre.




Y esto que os he contado es lo más relevante de la vieja Shanghai, como veis, nada que ver con la primera foto. Sin embargo quisimos ir más allá del relato de cualquier guía turística y decidimos perdernos durante un tiempo por las calles aledañas para descubrir diferentes rincones en los que la decadencia estaba a la orden del día.

Visitamos algunas tiendas que vendían los mismos productos que en el bazar sin el gentío y en multitud de ocasiones mucho más económico. De todas las tiendas la que más recuerdo era un rincón perdido en algún callejón de mala muerte que vendían pulseras. Todo esto viene porque vi cómo a muchos de los conductores o dependientes locales les gustaba colgarse de todo tipo de pulseras y colgantes que parecían estar formados por frutos secos o bolas. Probablemente darían suerte. Por ello tenía la curiosidad de agenciarme uno y busqué en varios sitios sin embargo ninguno me llamaba. Así fue como fui a parar a aquel rincón de fachada desconocida en medio de una calle sin nombre, eso sí no pillé nada.




La verdad es que enseguida nos quedamos sin cosas de interés por la zona ya que estaba todo concentrado en la misma zona, y el resto de Shanghai estaba más que visto así que por curiosidad recordé que muchos hablaban del "Museo de la Seda" como punto de interés. Fue un plan improvisado y sin tarjeta de datos ni Wifi a mano así que trasteé el maps.me y empezamos a encaminarnos en una dirección que apuntaba a ser la que nos interesaba. 

En algún momento del camino el estómago protestaba así que hicimos una parada en el primer sitio que vimos. Un restaurante chino bastante económico que tenían todo tipo de platos, en este caso nos decantamos por una especie de plato que recordaba al cerdo agridulce de los pseudochinos de por aquí y por un plato de pato laqueado. Era con mucha diferencia bastante más malo que el que tomamos en Beijing y por supuesto bastante más económico (101 CNY los dos).

Aunque no lo creáis, parecía chino, estaba lleno de chinos y ponían la tele a todo volumen con realities chinos en los que parecía no haber ganadores ni perdedores. De hecho me suena que así era la versión masterchef china porque destacar a unos sobre otros es capitalismo.


Como os venía contando, que me voy por los cerros de Úbeda, íbamos de camino al "Museo de la Seda" como una forma de ocupar la tarde y sin saber muy bien lo que íbamos a encontrar. Y al llegar... No sabíamos dónde estaba el museo, desde luego no parecía un museo pues parecía estar en medio de lo que era un polígono industrial.

A base de perserverancia y dejarnos llevar por las indicaciones del mapa llegamos a una entrada modesta donde nos recibieron con mucha amabilidad. Extrañamente eramos los únicos en el lugar y creíamos habernos equivocado. Enseguida nos pasaron con otra persona que hablaba el español bastante bien y dio pie a un recorrido en el cual nos explicaron el proceso por el cual se cultivan los gusanos y antes de que éstos salgan de la crisálida los matan para evitar que se pierda el capullo. Dicho capullo lo desenrrollan y con los filamentos los van trabajando para preparar los diferentes tipos de tejidos en función del uso final que iba a tener.

Os anticipo que si bien la visita fue interesante e instructiva, no diría que mereció tanto la pena por dos razones. La primera es que estaba en medio de la nada y no precisamente cerca. Y la segunda es que al terminar la visita nos llevaron a la tienda y nos preguntaban qué queríamos comprar. Parecía que esperaban que no te fueras sin nada y no eran precisamente económicos... Así que aunque se llaman museo, es una fábrica de seda en la cual te explican todo el proceso para que valores la calidad de los productos que comercializan. Aquí la tenéis en tripadvisor.



Habiendo terminado con el casco antiguo de Shanghai volvimos con la ya familiar East Nanjin Road pues el viaje estaba tocando a su fin y queríamos terminar de relajarnos dando un paseo por aquellas calles. Sin embargo precisamente en este paseo acabamos redescubriendo en otras calles perpendiculares nuevos rincones en los que merecía la pena detenerse.

Y fue precisamente en estas calles donde saqué la foto que encabeza esta entrada.  





Y en la próxima entrada... Hablaremos de cómo pasamos nuestro último día en China, ¡en Hangzhou!